
En 1898 se producen una serie de hechos adversos a la Historia de España, que justifican la aplicación de la palabra "desastre" a ese momento histórico. Cuba y Filipinas luchan, con el apoyo de Estados Unidos, por lograr su independencia. Estados Unidos busca un pretexto para declarar la guerra a España: la explosión del crucero norteamericano "Maine" en La Habana. La guerra duraría pocos meses y termina con el reconocimiento español de la pérdida de Cuba, Filipinas y Puerto Rico. Todo se había perdido menos el honor.
El 26 de abril de 1924, los académicos Armando Palacio Valdés, Francisco Rodríguez Marín y Leopoldo Cano habían propuesto a José Martínez Ruiz (Azorín) para que ocupara el asiento P de la RAE.
La personalidad del "Rey Prudente" definirá la historia europea de la segunda mitad del siglo XVI. Nace en Valladolid el 21 de mayo de 1527, era hijo del emperador Carlos V e Isabel de Portugal.
Teresa de Ahumada nació en Ávila, el 28 de marzo de 1515. Desde sus más breves años comenzó a sentir mística exaltación, y a los 7 años huyó de su casa con un hermano, para ir a buscar martirio.
Nacido en 1547 en Alcalá de Henares, su padre era un humilde hidalgo que practicaba la cirugía, quizá de ascendencia judía. Durante su infancia y juventud estudió con los jesuitas, en la Universidad de Salamanca y en Madrid como alumno del humanista López de Hoyos.
Fray Luis de Granada quiso que el nombre de la ciudad que le viera nacer quedara para siempre ligado a su propio nombre y en dicha ciudad, ya con fama de elocuente predicador, estuvo durante varios años en el convento de Santa Cruz. También fue prior del convento de "Scala-Coeli" en la serranía de Córdoba.Luis de Granada ingresó en la orden dominica a los 20 años de edad, siendo alumno de algunos de los mejores profesores de teología de su tiempo, como Melchor Cano y Bartolomé de Carranza.
Con este último le unirá una gran amistad e identificación y tal vez esta relación sea un factor a la hora de entender los problemas por los que fray Luis habrá de pasar por causa de la Inquisición, dado que Carranza, primado de España, será implacablemente perseguido por el Santo Oficio.
Además, hay en sus obras un indudable sabor erasmista que le ponía bajo sospecha de herejía.
Hacia 1547 escribió su Guía de pecadores, en la que fray Luis recoge un tratado escrito por Savonarola, y también una recopilación del Nuevo Testamento, en el que están el Sermón del Monte, 3 capítulos del evangelio de Juan y una paráfrasis de las cartas de Pablo, todo ello en lengua castellana.
Otra influencia en fray Luis fue el místico Juan de Ávila, cosa que aumentó las sospechas de la Inquisición contra él. De hecho, fray Luis hubo de marcharse a Portugal para alejarse de los manejos inquisitoriales que le habían puesto en la diana. Sus últimos años fueron de intenso sufrimiento, aumentado por el escándalo que se produjo con el "Suceso de la monja de Portugal", en el que fray Luis salió como cándido defensor de una monja iluminada, de la cual después se descubrió que todo era superchería y fraude.
En la tierra de su exilio murió a los 84 años.
Don Álvaro de Luna
Nació en Cañete (Cuenca), hijo de don Álvaro Martínez de Luna, copero mayor del rey don Enrique III y de una mujer de humilde condición social, María de Cañete. Procedía por parte de padre de una de las más ilustres familias aragonesas, como era la Casa de Luna. Don Pedro de Luna, que fue el papa Benedicto XIII, considerado antipapa, era tío-abuelo de don Álvaro, y doña María de Luna, reina de Aragón, prima de su padre.
Don Álvaro debía poseer una extraordinaria precocidad. A los 10 años, sabía leer y escribir, montaba extraordinariamente a caballo y era cortés y gracioso. Estas cualidades y la circunstancia de que el hermano de su padre, don Pedro de Luna, fuera arzobispo de Toledo motivaron que el niño entrara en la corte de don Juan II en calidad de paje. Por su extraordinario talento, don Álvaro de Luna se granjeó el aprecio del rey.
La voluntad del condestable fue la auténtica autoridad del rey, manteniendo ésta en Castilla y siendo el paladín de la lucha que en Europa mantenían los soberanos. Fue un hábil político y luchador infatigable contra las pretensiones de los nobles, especialmente los aragoneses. Después de los incidentes históricos de Montalbán, se hizo crecer al máximo el prestigio y poder de don Álvaro.
En 1423 fue promovido don Álvaro de Luna al cargo de condestable de Castilla, en atención a la enérgica política ejercida contra el infante don Enrique.
En 1425 nace en Valladolid el primer hijo varón del rey, que después ceñiría la corona con el nombre de Enrique IV. Los enemigos mortales, el infante don Enrique y el rey de Navarra, se unieron estrechamente contra don Álvaro de Luna. Para ellos había acabado, con dicho nacimiento, el ardiente deseo de gobernar y repartirse Castilla.
Fue tal la porfía de los nobles, minados por la envidia que les impedía ver la grandeza política de don Álvaro y secundados por la avaricia, que al final las Cortes accedieron a su destierro, dejando al rey desprovisto de su valido, que durante tantos años fue su único apoyo.
Don Álvaro se trasladó desde Simancas al castillo de la villa de Ayllón, acompañado de un brillante séquito de caballeros, prelados y gentilhombres, para sufrir el destierro, que fue la época más dichosa de su vida, ya que gozaba de todos los placeres y vivía más como un príncipe que como un proscrito, y su destierro en vez de menguar su fortuna, era un ascenso. Mientras, en la Corte de Castilla, las cosas llegaron a tanta demasía (muertes, robos, peleas, sacrilegios) que desde los grandes señores hasta los de más baja condición pidieron a gritos al rey que volviera a la corte don Álvaro de Luna. Éste se resistió, pero terminó accediendo con aparente resignación, presentándose al rey en Turégano, ya que se hallaba la Corte en aquella villa segoviana.
El rey le recibió con todos los honores, don Álvaro le hizo una reverencia, el rey se levantó de la silla donde estaba en su estrado y salió hasta él y se echó en sus brazos. Puede decirse que a partir de entonces la paz y el orden reinaron en Castilla.
Viudo el rey don Juan II, el condestable concertó la boda con doña Isabel de Portugal, celebrándose en 1447. Y ésta fue la causa principal de su caída. Después de muchas intrigas, don Álvaro de Luna, maestre de la Orden de Santiago, condestable de Castilla y "soberano" durante tantos años, fue decapitado en la Plaza Mayor de Valladolid el 2 de junio de 1453.
Paisajes de España
Innumerables son los paisajes que Azorín describe sobre España. Tenemos ciudades y pueblos, como Ávila y Maqueda, el monasterio de El Escorial, castillos famosos por su historia y que hoy están en ruinas (por el paso del tiempo), la Universidad de Salamanca, la sierra de Soria plagada de pastores, palacios cerrados y abandonados por sus dueños que se han marchado a las nuevas tierras allende los mares, los corrales de comedias, los tribunales de la Inquisición en diversas ciudades de España, País Vasco y Cataluña, un mar a lo lejos...
Dejando aparte el paisaje del territorio español, un capítulo se dedica completamente a la descripción de una selva virgen americana.
Castillos de España
Así es como se titula uno de los capítulos del libro, donde se esboza suavemente la importancia de los castillos que ya empiezan a decaer, y que más tarde veremos en ruinas.

El castillo de la Mota, en Medina del Campo, se encuentra asentado en el mismo cerro, o mota, que ocupó la primitiva ciudad de Medina, a 52 kilómetros de Valladolid. Situado en las proximidades de la confluencia de los ríos Adajuela y Zapardiel, esta gigantesca fortaleza se eleva majestuosa sobre un montículo en medio de la llanura castellana. Es uno de los castillos más grantes, junto con los de Peñafiel y Gormaz.
El actual castillo se asienta sobre lienzos de muralla del siglo XII, probablemente de origen árabe, construyéndose en los siglos XIII, XIV y XV, con importantes obras realizadas por Enrique IV y los Reyes Católicos en el siglo XV. El actual castillo fue construido en 1440, por orden de Juan II de Castilla, por la familia Fonseca sobre los restos de una fortaleza musulmana. Fue diseñado por Fernando Carreño y Alonso Niño, y construido por dos artistas árabes, Abdala y Alí de Lerma. En época de los Reyes Católicos fue fortalecido.
En el castillo residió Juana la Loca. Más tarde fue prisión de Estado y encerró importantes personajes de la vida política. Aquí estuvo encerrado César Borgia, intrigante personaje de la vida política del Renacimiento a quien el Gran Capitán hizo prisionero en Nápoles. Encerrado en este castillo, pudo huir gracias a la complicidad con el conde de Benavente. Se refugió en Navarra ya que el rey, Juan de Albrit, era hermano de su esposa.
En el castillo de Alaejos, hoy desaparecido, estuvo retenida doña Juana de Portugal en el siglo XV, esposa de Enrique IV, por Alonso de Fonseca, escapándose tras una larga peripecia, donde no faltaron sobornos y amoríos, para terminar reuniéndose con don Beltrán de la Cueva en Cuéllar.
1520 fue un año nefasto. En este año los comuneros señorearon en Alaejos, devastándolo todo, arrasando y robando lo que pudieron: ermitas, iglesias, hospital, monte, ayuntamiento... tan solo el castillo aguantó.
El castillo de La Estrella, en Montiel (Ciudad Real), fue construido por los árabes en el siglo IX y, después de ser reconquistado por los cristianos, reformado en 1226.
Fue habitado por Pedro I "El Cruel". Este castillo estaba comunicado por túneles subterráneos con el Cerro de San Polo donde habitaba su hermano con el fin de protegerse de los enemigos y poder escapar.
Se encuentra en estado de ruina. Con piedras caídas por todas partes. Se estuvo excavando para buscar oro u objetos de valor, pero no encontraron nada. Eso es lo que lo dejó en estado de ruina.
El castillo de Monzón se encuentra asentado sobre un cerro de laderas escarpadas en la localidad del mismo nombre, en la provincia de Huesca, a 70 kilómetros de la capital por la carretera de Lérida.
La primitiva fortaleza musulmana, llamada "Monçones", fue conquistada por los reyes cristianos y se convirtió en la principal encomienda del Temple. Estuvo en manos de esta orden hasta la desaparición de la misma. Sufrió numerosos asedios a lo largo de su historia. En la colegiata (hoy catedral) de Santa Maria del Romeral, ubicada casi en las faldas del castillo, se reunían las Cortes de la Corona de Aragón. En este castillo fue protegido Jaime I durante su infancia de las luchas internas del reino. Su aspecto exterior es moderno, de los siglos XVII y XVIII.
El castillo de Escalona se alza sobre un cerro desde el que domina el terreno circundante, a los pies del río Alberche (afluente del Tajo) que le sirve de protección natural, en la localidad de Escalona, al norte de la provincia de Toledo.
Escalona es una villa de origen romano emplazada en una situación estratégica que debió ser fortificada en época muy antigua para controlar el paso del Alberche. Fue reconquistada a los árabes en el año 1130.
Las torres albarranas fueron construidas por Don Juan Manuel. En al año 1424, Don Álvaro de Luna, Condestable de Castilla, habilitó el edificio para usarlo como residencia particular. Posteriormante, pasó a manos de Don Juan Pacheco, caballero de la orden de Santiago, que lo mantuvo hasta siglo XVII.
El puente que pasaba sobre el río Alberche fue construido con los materiales del castillo, pues cuando las tropas francesas iniciaron el ataque a esta zona toledana arrebataron a la fortaleza sus cubiertas primitivas para emplearlas en la construcción del puente que cruza el río Alberche, creando así una comunicación entre las dos orillas.
Durante el reinado de Sancho VII "el Fuerte" (finales del siglo XII, inicios del siglo XIII) se construyó en Olite un primer castillo defensivo, sobre un núcleo romano. Posteriormente, fue mejorándose bajo el reinado de sus sucesores, Teobaldo I y Teobaldo II, de la casa de Champagne. Este primer recinto se conoce como Palacio Viejo o Palacio de los Teobaldos, y es donde se ubica el Parador Nacional.
Los reyes de Navarra solían acudir a él de manera esporádica, al igual que a las otras residencias repartidas por el viejo reino. Cada monarca tenía preferencias por determinadas mansiones, pero ninguna podía considerarse como su residencia fija. Este carácter "nómada" comenzó a desaparecer con Carlos II "el Malo" (segunda mitad del siglo XIV) cuando, una vez fracasados sus intentos por hacerse con la corona de Francia (1360), decidió centrarse en el gobierno de su reino, siempre en alerta ante los constantes ataques de castellanos y aragoneses. Durante esta época existían dos palacios menores contiguos, uno correspondía al Infante Luis, hermano y lugarteniente de Carlos II.
Las obras de ampliación que dieron lugar al recinto actual se realizaron durante el reinado de Carlos III "el Noble", de la casa de los Evreux. Aunque nacido en Francia, la mayor parte de su juventud la pasó en Olite, lo que explica su predilección por esta villa. Durante sus primeros años de reinado tuvo que resolver la compleja herencia política de su padre, después pudo desarrollar una vida cortesana plena y llena de esplendor, propio de un reinado estable.
Los primeros trabajos fueron obras de reparación: tejados, pintura, etc.. Después buscó una solución para resolver el problema de la falta de espacio. En 1388 se compraron casas y solares para hacer una plaza (Plaza de los Teobaldos) que ofreciera un acceso más amplio y digno. Se trataba del Palacio Viejo.
Se decidió la ampliación del palacio con nuevas construcciones. En esta época, al poco de casarse el rey Carlos III con Leonor de Trastámara, ella lo abandonó regresando a su tierra natal, Castilla. Todos los intentos por hacerla regresar fueron en vano. La reina Leonor argumentaba que en Navarra disponía de escasos recursos económicos y que sentía peligrar su vida. Así pues, sólo cuando el rey Carlos ofreció las garantías suficientes al hermano de ésta, el rey Juan I de Castilla, de que las peticiones de Leonor serían atendidas, la reina regresó a Navarra, en marzo de 1395. El empeño del rey en cumplir sus promesas se tradujo en un repentino impulso de reforma y mejora del palacio. Quería rodear a su esposa de un ambiente cortesano lo más acogedor posible.
En 1399 se adquieren más solares por la parte de la Iglesia de Santa María para edificar nuevas habitaciones para la reina, y en 1400 se vuelven a comprar casas y solares de la judería vecina.
La edificación de este Palacio Nuevo la afrontó Carlos III sin ningún esquema premeditado de conjunto, y por tanto, el resultado final se corresponde con una yuxtaposición de nuevas unidades, edificios y jardines.
La primera fase del palacio comprendió las habitaciones para la reina, denominado Palacio de la Reina o Torre Nueva, la capilla real y algunos locales y pasajes menores hacia la parte norte de la iglesia. En una segunda fase, se emprendieron las construcciones del conocido como Palacio del Rey. En él se integraban una Gran Torre, apoyada sobre el muro de cierre de la villa, y la llamada Galería Dorada. Estas obras estaban terminadas para el año 1406. Una pequeña torrecilla junto a la Gran Torre, dos nuevas galerías y el arreglo de los jardines fueron las obras que se ejecutaron a continuación. Entre los años 1411 y 1414 se completó la edificación de las torres exteriores del palacio: la Ochavada, la Joyosa Guarda, la del Portal de Fenedo y la de los Cuatro Vientos. El conjunto estaba prácticamente terminado y su fisonomía era casi definitiva. Sólo faltaban algunas estancias menores, que se construyeron de acuerdo a las nuevas exigencias o al ritmo de las oportunas reparaciones. Las últimas renovaciones de importancia se realizaron a finales del siglo XV a cargo de Catalina de Foix y Juan III de Albret. Y ya por último, habiendo dejado de ser Navarra un reino independiente, el marqués de Almazán introdujo hacia el año 1584, algunos cambios, como la portada de entrada al Palacio Viejo coronada por un blasón que hace referencia a Felipe II.
El castillo de Pedraza se encuentra en un extremo del cerro donde se asienta la población del mismo nombre, en la provincia de Segovia.
El castillo de Pedraza se encuentra en la cuna que vio nacer al Emperador Trajano, en la antigua "Meterosa" nombrada por Tolomeo. El castillo fue construido entre los siglos XIV y XVI. Perteneció a las familias Herrera y Fernández de Velasco (duques de Frías y condestables de Castilla). En 1529 los hijos del rey de Francia, Francisco I, fueron rehenes en este castillo.
Cuenta una leyenda que allá por el siglo XIII un infantón que señoreaba el castillo se casó con una bella plebeya llamada Elvira que había tenido amores con un muchacho de su misma condición llamado Roberto. Al desposar ésta, el joven ingresó en un convento. Muerto el cura del castillo y teniendo que partir el noble de viaje hizo llamar a un nuevo monje, coincidiendo que éste era el padre Roberto. A la vuelta el noble se enteró de la relación de su esposa y el monje y se vengó, poniendo sobre la cabeza de él una corona de hierro puesta al fuego y a ella, que huyó hacia la torre, prendiendo fuego a la misma. Dicen que el noble desapareció y no se supo más de él.
El castillo de Arévalo se encuentra en un extremo de la población del mismo nombre, en la provincia de Ávila, al borde de una zona amesetada en el vértice de la confluencia de los ríos Arevalillo y Adaja, cuyos cauces le sirvieron de foso natural.
Arévalo fue repoblada en el siglo XI, tras la toma de Toledo. El castillo fue mandado construir a mediados del siglo XV por don Álvaro de Zúñiga, y a su muerte pasó a manos de los Reyes Católicos. Posteriormente fue convertido en prisión hasta el siglo XVII, y durante la guerra de Independencia fueron eliminadas sus defensas. En el siglo XIX con la Guerra de Sucesión y la de Independencia fue arruinándose paulatinamente, aprovechándose su recinto como cementerio hasta el siglo XX.
Su función principal fue la de servir de prisión para personajes de renombre. Allí fue encerrada Doña Blanca de Borbón por su esposo, el rey Pedro I el Cruel. Posteriormente, en 1592, Felipe IV mantuvo prisioneros entre sus muros al príncipe de Orange, don Guillermo de Nassau, y a su custodio, el capitán don Diego Osorio.
El castillo de Javier se alza sobre una roca en las proximidades de la localidad del mismo nombre, provincia de Navarra, limitando con la provincia de Zaragoza.
Este castillo fue construido en el siglo X, reformado en los siglos XII y XIII, alrededor del año 1300, y posteriormente en el siglo XV. En el año 1516 fue parcialmente destruido por orden del Cardenal Cisneros, a causa de las continuas revueltas que se sucedieron. En el año 1223 pertenecía al rey de Aragón y en 1236 pasó a manos del rey de Navarra. En el siglo XVI fue propiedad del padre de San Francisco Javier, y en este castillo nació el propio San Francisco Javier, cofundador, junto con San Ignacio de Loyola, de la Compañía de Jesús.
Javier es una zona muy frecuentada pues se encuentra muy cerca de la Ruta Jacobea. La tradición de hospedar a los peregrinos se remonta siglos atrás, ya que los señores del castillo albergaban a los transeúntes del Camino de Santiago. Actualmente, en el mes de marzo, se celebran las llamadas "javieradas", que son peregrinaciones que se hacen hasta esta localidad navarra. Allí van personas de todas las edades y de cualquier parte de la geografía, por caminos y senderos que proliferan de forma notable en esta zona peninsular.
Sin duda la pieza clave y singular de la fortificación de Pamplona fue su Ciudadela. Fue Felipe II su promotor en el año 1571 y con ella se trataba de sustituir el castillo de Fernando el Católico, ya anticuado. Al terminar la centuria había desaparecido y sus piedras se utilizaron en la construcción de la Ciudadela.
El emplazamiento elegido como más idóneo fue a cierta distancia de la ciudad. El encargado por el monarca para diseñar su traza fue Giacomo Palearo "el Fratín" pero también intervino en los planteamientos y ejecución el virrey de Navarra, Vespasiano Gonzaga y Colonna. El recinto, de acuerdo con las nuevas fórmulas de la ingeniería renacentista italiana, se concibió como un pentágono estrellado de cinco puntas con baluartes en los extremos, que recibieron los nombres de San Antón, la Victoria, Santiago, Santa María y San Felipe el Real. El pentágono se encontraba en el grupo de figuras geométricas consideradas por el pensamiento renacentista como perfectas, por lo que la Ciudadela de Pamplona forma parte de una serie excepcional de obras que plasman genuinos principios renacentistas.
Bajo el virreinato del conde de Oropesa se añadieron medias lunas y un polvorín, dándose por concluida la Ciudadela en 1646. A partir de entonces se dotó su interior con otros servicios como la capilla, almacén de víveres, etc., si bien nuevas necesidades obligaron a la construcción de otras medias lunas, rebellines y contraguardias.
El ingeniero Ignacio Sala fue el responsable de las obras que se llevaron a cabo en el interior de la Ciudadela en 1720; reformó el pabellón de Mixtos o almacén de víveres y cambió el emplazamiento de la puerta del Socorro. La protegió con un gran espacio abovedado a prueba de bombas. En el plan original se localizaba junto al baluarte de Santa María. Uno de los ingenieros más renombrados del momento, Jorge Próspero de Verboom, autor de la ciudadela de Barcelona, proyectó en 1725 la sala de Armas, entonces arsenal de artillería, una de las partes más emblemáticas del conjunto. Hacia mediados del siglo XVIII se trasladó el cuerpo de guardia a la parte superior de la puerta principal.
Desde que se concibió la Ciudadela de Pamplona fue un centro de gran actividad constructiva. Del primer proyecto de un simple pentágono de cinco puntas, terminó dibujando una complicada planta estrellada con múltiples ángulos. También originó numerosos planes y proyectos que no llegaron a realizarse.
La Ciudadela de Pamplona, una interesante construcción militar del último cuarto del siglo XVI, reformada en siglos posteriores, mantiene todavía, aunque parcialmente, su planta estrellada de la que forman parte los baluartes de San Felipe el Real, Santa María y Santiago, habiéndose destruido casi en su totalidad los de San Antón y la Victoria para poder construir el Primer Ensanche de la ciudad; asimismo se mantiene el cerco murado de piedra, con un ligero talud que la circunda.
El castillo de Bellver, es decir, "buena vista", se encuentra situado en el lado oeste de la bahía de Palma, a más de 100 metros sobre el nivel del mar, en la ciudad de Palma de Mallorca, isla de Mallorca, en las Islas Baleares.
El castillo de Bellver es todo un símbolo del poder del rey Jaime II de Mallorca, quien ordenó su edificación durante la efímera vida de este reino insular (1276-1349). Para su construcción se contó con el arquitecto mallorquín Pedro Salvá, que finalizó las obras alrededor del año 1310 y trabajó conjuntamente con el pintor Francisco Cabalti, autor de las pinturas interiores de la fortaleza. Jaime II de Mallorca estableció en Bellver la Corte de su reino, pero sus sucesores no quisieron residir en él, por lo que Bellver comenzó su larga andadura alternando su destino de residencia de verano, con Pedro IV de Aragón, tras su coronación en Palma, y refugio contra la epidemia de peste con Juan I, con su papel de fortaleza militar durante la rebelión de las Germanías y de puesto defensivo contra los ataques turcos.
Su historia posterior le convirtió primero en punto de reunión de condenados a galeras y, más tarde, en hospital de enfermos de peste. Pero fue su destino como cárcel el más duradero de todos, hasta bien entrado el siglo XX, habitando en sus muros prisioneros insignes como Gaspar Melchor de Jovellanos, privado de libertad en sus mazmorras desde el año 1802 al 1808, el general Lacy, fusilado pocos años después en la misma fortaleza, y Martínez Campos. El gusto por las artes escénicas de algunos de sus habitantes, como doña Violante de Aragón, les llevaron a convertir el castillo en escenario de fiestas, danzas y sesiones poéticas.
El castillo de Carlos V es el edificio más significativo de Fuenterrabía. Se trata de una fortaleza de planta rectangular construida a finales de la Edad Media en la parte más alta del promontorio donde se situaba la ciudad. El nombre que lleva se debe a que fue ampliada durante el reinado del emperador Carlos V, que se hospedó en este castillo-palacio. Durante la mayor parte de su historia estuvo destinado a la función de cuartel y de residencia del gobernador de la plaza militar.
Ha sufrido numerosos avatares a lo largo de su historia. En 1660 sirvió de residencia de la familia real española durante los esponsales de la infanta española con el futuro rey francés Luis XIV de Francia en la cercana Isla de los Faisanes. En 1794 quedó severamente dañado por las tropas francesas.
A principios del siglo XX el edificio se encontraba en ruinas. En 1968 fue rehabilitado y transformado en Parador nacional, función que sigue cumpliendo en la actualidad, siendo el único de esta red de hoteles estatales que se ubica en la provincia de Guipúzcoa.
La Inquisición
Dos de los capítulos más interesantes del libro de Azorín es aquel en el que habla del viejo inquisidor. Describe el momento de lucha interior porque debe condenar a alguien que ha puesto la fe por encima de la razón (en el siglo XVI era condenable, lo importante era la razón). Varias páginas más adelante el mismo inquisidor mantiene una lucha interna por condenar o no a su hijo, estudiante de medicina que viajó por París y Flandes. En su baúl de viaje ha encontrado libros luteranos, y por tanto herejes. No sabemos lo que hizo el inquisidor ante el primer caso ni ante el segundo. Carece de importancia, lo relevante aquí es esa lucha interior, sus pensamientos, duda porque él también tiene fe.
La Inquisición Española fue creada en 1478 por una bula papal con la finalidad de combatir las prácticas judaizantes de los judeoconversos españoles. Dependía directamente de la Corona española. Se implantó en todos los reinos de España, en Sicilia y Cerdeña (que entonces formaban parte de de la Corona de Aragón) y en los territorios de América (hubo tribunales de la Inquisición en México, Lima y Cartagena de Indias. La Inquisición se convirtió en la única institución común a todos los españoles, con excepción de la propia Corona, a quien servía como instrumento del poder real: era un organismo policial interestatal, que traspasaba las fronteras entre las coronas de Castilla y Aragón.
La Inquisición española no fue abolida hasta 1834.
Proceso penal. Al llegar a una población se proclamaba el "edicto de gracia" o "edicto de fe", en que el hereje podía confesar su culpa sin que se le aplicase la confiscación de sus bienes, la prisión perpetua ni la pena de muerte. Esto provocaba autoinculpaciones, pero también numerosas delaciones, protegidas por el anonimato. Los denunciados no conocían en ningún momento de qué se les acusaba. El secreto sumarial con que el Santo Oficio llevaba sus procesos provocaba un gran temor en la población y convertía a cualquier ciudadano en un posible delator o colaborador del tribunal.
El detenido era encarcelado en una cárcel especial. Se confiscaban sus bienes para su mantenimiento y los gastos de su proceso. Incomunicado, el reo ignoraba a menudo por completo los cargos que se le imputaban. El proceso consistía en una serie de audiencias en que se escuchaba a los denunciantes y al acusado. Este último contaba con un abogado defensor, que no la defendía sino meramente le amonestaba a que confesase sus culpas o le asesoraba en cuestiones de procedimiento. Para obtener la confesión del reo se recurría en ocasiones a la tortura.
Finalmente, se dictaba sentencia. El proceso podía terminar con la libre absolución (en pocos casos), con la suspensión del proceso o con una condena. La condena podía ser leve o vehemente. En el primer caso el castigo podía ser una multa, una reprensión y llevar un sambenito para que la gente supiese que había sido penitenciado por el Santo Oficio y prestase atención a lo que decía por si volvía a cometer herejía. En el segundo caso, era, según la fórmula, "relajado al brazo secular", esto es, entregado a la jurisdicción ordinaria para su ejecución. Si el reo a ajusticiar se arrepentía, se le ahorcaba (baja condición social) o se le degollaba (alta condición social); si no abjuraba de sus errores, se le quemaba vivo. Los procesos podían hacerse también en ausencia del reo, de forma que si se le sentenciaba a la máxima pena, se les podía quemar en efigie, en forma de un muñeco con sus rasgos. Si el reo había muerto ya, se desenterraban sus huesos y se quemaban. Eso pasó, por ejemplo, con los padres del humanista Juan Luis Vives.
Las ejecuciones se realizaban en los autos de fe, actos públicos en los que se buscaba la ejemplaridad del castigo y que terminaron convirtiéndose en aparatosos festejos.
Corrales de comedias
Los corrales de comedias eran unos teatros populares que proliferaron en la España entre los siglos XV y XVIII. Fueron la sede no sólo del teatro, sino también de la zarzuela y la tonadilla dieciochesca. Estos locales aprovechaban el patio central (el corral) comprendido entre las casas de vecindad.
En un corral de comedias, el público se distribuía rígidamente según su sexo y condición social. Frente al escenario había un patio, en el que se colocaba el pueblo llano, de pie (aquí se situaban los mosqueteros, que podían arruinar el éxito de una representación). Eran las entradas más baratas, sólo para hombres.
Delante del patio, estaban las gradas, con bancos para sentarse si se pagaba un suplemento. Además, para los más pudientes, estaban los aposentos o palcos, que correspondían con los balcones interiores de las casas: eran alquilados a las familias nobles y de la alta burguesía. La "cazuela" era la zona reservada a las mujeres, que eran introducidas a presión en ella por una figura singular, la del apretador.
Esta cazuela estaba situada al fondo del patio en una tribuna elevada. En ella, las damiselas se encontraban a salvo de la mirada y la mano ligera de los rufianes. Por encima de las filas de palcos, se encontraba la tertulia, donde se reunían los clérigos y los literatos para discutir sobre la calidad y moralidad de la obra representada.
Por debajo de la cazuela se situaba la alojería, tenderete donde se vendía la aloja, una bebida refrescante (era una mezcla de agua con miel y especias), probablemente derivada del hidromiel romano y árabe. No sólo se vendía aloja, también había barquillos, obleas y otras golosinas. Frente al escenario se situaba el palco real, reservado al monarca. Felipe IV era muy aficionado al teatro. En el de la Cruz actuaba su amante, María la Calderona, con la que tuvo un hijo, el segundo Juan José de Austria.
Punto final
Si hay un capítulo que me ha llamado la atención especialmente es el del descanso en el camino. Un descanso al lado de unas ruinas, ruinas de un posible castillo que quizás parecía inexorable, pero que ha sufrido la huella del tiempo en sus piedras. Es la "tragedia del tiempo que se desvanece". Mientras, al lado están los frágiles chopos que airean sus hojas al aire. Con el paso del tiempo ahí siguen, aunque parezcan destinados a morir. Esa comparación me encantó.
Ese capítulo resume la esencia de Una hora de España.
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