
¿Cómo me puedes conocer tan bien?
¿Cómo es posible que el viernes supieras que me había marchado airada?
¿Cómo sabías que anoche acudiría a ti, y me esperabas a pesar de la hora?
A veces me pregunto muchas cosas sobre ti. Es como si tuvieras un poder de adivinación superior, como si te anticiparas a lo que voy a hacer, como si supieras cómo funciona mi mente, como si me conocieras de toda la vida. No sé hasta qué punto eso puede ser bueno o malo, pero a mí me agrada que hayas llegado a conocerme tanto y tan bien.
Anoche dudaba que estuvieras aquí y casi se me caían las lágrimas ante mi estupidez, pero cuando, un rato después, comprobé que sí que estabas sonreí de felicidad. Y no es para menos.
Por esos momentos que me das... que nunca terminen.
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