sábado, mayo 20, 2006

Cuando cierro los ojos...


Cuando cierro los ojos algo se destruye dentro de mí. Empieza a descomponerse mi interior primero en pequeños pedacitos que a su vez se van rompiendo más y más, ya no puedo contarlos. Intento no pensar, pero de repente se abren llagas en mi piel. Por ellas empiezan a salir los órganos de mi cuerpo. Me estoy quedando sin entrañas, y flotan a mi alrededor. Comienzan a amarillear porque no tienen riego y, lentamente, mueren, ante mi mirada atónita.
También se ha ido mi cerebro. Sólo ha quedado un órgano: el corazón. Late débilmente, quizás todavía soy consciente. Quizás el corazón pueda dar nueva vida a otro cuerpo. Si ha quedado el corazón es porque todavía me queda algo de alma, aunque sea un trozo diminuto, todavía no me la han roto. Espero no quedarme nunca sin corazón porque entonces habré muerto.
Me siento tan débil, tan frágil. Quizás algún día recomponga el puzzle de nuevo. Aunque espero que sea pronto no vaya a ser que me canse y no termine nunca de hacerlo.

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