Hace un cuarto de hora que he quedado para comprar un regalo. Pero en media hora es imposible hacer la limpieza (los viernes limpiamos el piso) y ducharse, y más cuando una de tus compañeras de piso se pone a hacer lo mismo a la vez que tú. El problema es que ella ha terminado antes y se ha ido a la ducha antes. El salón cuesta menos tiempo de limpiar que la cocina :( En fin, en esta espera mientras mi compañera sale de la ducha, me pongo a delirar como si estuviera en el umbral de otro mundo.
Odio ser una esclava del tiempo. Hace muchos años siempre llegaba tarde a todos los sitios, hasta que un día me dejaron abandonada por llegar más de media hora tarde. Desde entonces aprendí a ser puntual. A veces vuelvo a las andadas, sobre todo cuando se trata de salir de fiesta, pero por lo general intento llegar puntual.
También soy una esclava del teclado porque no puedo parar de escribir. No sé qué me pasa hoy, pero me siento completamente fuera de onda. Es como si estuviera en otro planeta. Para empezar, me he levantado a las 7 de la mañana, así que ahora, 12 horas después sin haberme echado siesta, empiezo a notar como un cierto imán hacia la cama, que me llama. A pesar de todo, estoy hiperactiva. Me voy a comprar un regalo, que al final compramos a medias, y me pasaré por la Feria del Libro. Quizás no compre nada o quizás venga demasiado cargada como para perder de vez en cuando el equilibrio.
Estás aquí pero te siento distante. Tus mensajes son distantes. Ardo de deseos de hablar contigo y, sin embargo, te noto lejos, muy lejos. Quizás sea sólo impresión mía. Tengo ganas de llorar, no sé por qué. Siento un puño que me aprieta el interior y lucha por salir. No voy a desahogarme, y menos por aquí. Necesito hablar contigo pero no te das cuenta. Creo que necesito dormir más y olvidarme de todo. Al fin el mundo real deja de lado al mundo de ficción. Me voy, me alejo de ti porque a veces me haces daño. Me voy porque prefiero irme sonriendo que llorando. Me voy porque al final el tiempo me convertirá en esclava. Me voy porque los fantasmas y duendecillos que hacían mágicos esos momentos han desaparecido. Me voy porque quizás ya no estás aquí. Me voy aunque me queme por dentro. Me voy porque no quiero sufrir. Me voy... pero quizás vuelva algún día.
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