Estoy segura de que si pongo mis altavoces y música heavy, aunque no me apetezca escucharla, la potencia que desprendería desde mi ventana sería muchas veces superior a la de ellos. Pero no quiero caer a su nivel.
Después está el hecho de asomarme a la ventana y encontrarme con un patio interior así:
Menudos personajes. Como para ir a pedirles sal, que seguro que es la vivienda de las cucarachas. Tampoco importa, porque recientes y frescas noticias nos han llegado sobre ellos: al menos uno frecuenta bares de ambiente. Ahora entendemos su reticencia a conocernos hace unos meses. Mejor, porque las mías no serían palabras de agrado hacia ellos, después de aguantarles.
¿Ir a decirles algo? Simplemente paso que tener que lidiar con ellos, paso de que me conozcan. Después de mis desagradables notas a principio de curso debo resultarles como un ser terrible. Claro que si, ahora que empieza a hacer sol, su basura se sigue acumulando en su patio interior y no puedo abrir la ventana porque sus efluvios odoríferos suben hasta nuestro piso... no me quedará más remedio que bajar a decirles algo para que cambien su actitud.
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