domingo, mayo 21, 2006

Haides o Plutón


AGOSTINI CARRACI, Pluto (1592)


Haides, Hades o Plutón era un dios que no tuvo suerte. Era hijo de Cronos y Rea, y por tanto hermano de Zeus y Poseidón. Cuando se dividió el universo, mientras Zeus se quedaba, además de con la supremacía absoluta, con el dominio del cielo y de la luz, y a Poseidón le correspondían el mar y todas las aguas, a Haides le dejaron el mundo de las tinieblas y de la oscuridad tétrica y sombría, la región profunda, temida y odiada del seno jamás iluminado de la Tierra. Era el dios del infierno y del reino de los muertos.
Tenía un carácter feroz y era intratable e inexorable, no tenía piedad ni conocía la compasión. Quizás por esto, no encontró Haides ninguna diosa que quisiera compartir con él su triste imperio, por lo que un día decidió raptar a Perséfone. En aquel imperio subterráneo, a las órdenes de Haides estaban el barquero Carón (Caronte); las Keres, divinidades aladas y sombrías, hijas de la noche, con los vestidos manchados de sangre; las terribles Erinies, vengadoras de los crímenes; y Tánatos, el genio de la Muerte. Confluían en los dominios de Haides varios ríos: el Acherón (o Aqueronte), el Estigia, el Piriflegeton (“el torrente de fuego”) y el Kokitos (“el río de los gemidos”). El Acherón era el río que tenían que atravesar las almas para llegar al Imperio de los Muertos. El encargado de pasar las almas a la otra orilla era el barquero Carón, hombre de carácter inexorable, que era hijo de Erebo (la Noche) y del Caos.
Las almas, después de atravesar el río, se encontraban en la otra orilla con el tribunal que las juzgaría. Este tribunal estaba compuesto por tres jueces: Eaco, Minos y Radamanto. Las almas de los buenos iban a los Campos Elíseos y las de los malos al Tártaros, lugar de prisión y tormento para los enemigos de los dioses. El portero de aquellos tétricos lugares era el Can Cerbero, que era un perro de tres cabezas y con una cola formada por una serpiente. Hacían de verdugos las tres Furias, que se llamaban Alecto, Megera y Tisifone, y eran hijas de Aqueronte. También moraban allí las tres Parcas, que hilaban y cortaban el hilo de la vida de los mortales. Lachesis tenía el huso, Cloto, el hilo y Atropos, la más vieja de las tres, las tijeras. Forman la alegoría de lo pasado, lo presente y lo futuro.
Después de algunos años de sufrimiento, las almas iban a los Campos Elíseos para vivir de nuevo alegremente en el mundo. Pero antes bebían en el Lete, que era el río del olvido, para que no recordasen su anterior existencia.
Haides era un dios muy grave, sentado casi siempre en su trono de oro, y como apenas salía de sus dominios, donde escaseaban las mujeres hermosas, no se le conocen grandes aventuras amorosas. La más importante fue la de Perséfone.
En el sombrío reino había un personaje llamado Pluto, que era ministro de Haides. Le llamaban el dios de la riqueza, y se decía que era hijo de Demeter y de Jusión, para indicar que la agricultura era la verdadera madre de la riqueza. Pluto tenía mucha vista y un día se atrevió a decir a Zeus que sólo favorecía la virtud. El padre de los dioses quiso castigarle y lo cegó para que no pudiese discernir la virtud del vicio.
Los romanos dieron a Perséfone el nombre de Proserpina, a la que consideraban como la reina del mundo infernal y la esposa de Plutón.


THOMAS HART BENTON, Persephone (1938)

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