Hércules dio muerte a Laomedonte, padre de Príamo y de Hesione, y se llevó a esta joven como botín de guerra. Se la entregó a su amigo Telamón, que la convirtió en su esposa.
El rey Príamo nunca se perdonó el rapto de su hermana. Un día, al hablarse en la corte de Troya de aquel acto de violencia, el joven Paris declaró:
"Padre mío, envíame con una flota a Grecia, con la ayuda de los dioses, arrebataré vuestra hermana a los enemigos y volveré a Troya victorioso y cubierto de gloria".
Sus hermanos le preguntaron, sorprendidos, si esperaba vencer con ayuda de los dioses, a lo que Paris respondió que con la ayuda de Afrodita. Y les relató lo que le había ocurrido cuando se le aparecieron las tres diosas para que juzgara a la más bella.El rey Príamo no dudó de que su hijo Paris obtendría la protección de los inmortales.
Heleno, hermano de Paris y dotado con el don de la profecía, auguró que si el joven Paris conseguía traer a Hesione, los griegos caerían sobre Troya, la arrasarían y matarían a todos sus habitantes. Como viera el rey Príamo que la mayoría estaban a favor de que Paris fuera a Grecia, autorizó a su hijo a marchar.
Cuando la nave troyana estaba en alta mar, se encontró con el barco del rey de Esparta, Menelao, que viajaba a Pilos, con el objetivo de visitar al príncipe Néstor. No se reconocieron.
La flota troyana llegó a Esparta para reclamar a Hesione. En ausencia del rey Menelao, las funciones reales las desempeñaba su esposa, la bella Helena. En el pasado, la joven había sido raptada por Teseo y rescatada por sus hermanos Cástor y Polux, y, junto a su padrastro Tíndaro, se había convertido en una hermosa doncella. Tal era su belleza que atrajo a una horda de pretendientes. Tíndaro temía que si elegía a uno de ellos por yerno se enemistaría con todos los demás, así que consultó con Ulises, que le aconsejó: GUSTAVE MOREAU, Helena en las murallas de Troya (1895)
-"Obliga a todos los pretendientes a comprometerse bajo juramento a apoyar con las armas al novio elegido contra aquel que se oponga al matrimonio que tú dispongas".
Tíndaro siguió el consejo e hizo prestar juramento a todos los pretendientes. Después escogió al príncipe Menelao, le dio la mano de su hija Helena y le cedió el reino de Esparta. La hermosa Helena dio a su esposo Menelao una hija que estaba todavía en la cuna cuando Paris llegó a Esparta.
GUSTAVE MOREAU, Helena de Troya (1880)
Para la princesa, la ausencia del marido traía monotonía a su vida, así que al enterarse de la llegada a Esparta de un príncipe extranjero le entró curiosidad y el deseo de conocer al joven. Poco después Paris se presentó en el palacio real, aunque sabía que Melenao no estaba allí y Helena le recibió como buena anfitriona. Cuando Paris vio a la hermosa Helena, quedó prendado de su belleza, y creyó ver de nuevo a Afrodita cuando le dio la manzana de oro. La fama de la hermosura de Helena había llegado a sus oídos, sin embargo creía que la mujer que Afrodita le ofreciera debía ser más bella de lo que se rumoreaba sobre Helena. Además pensaba que aquella mujer que la diosa del amor le ofreciera en su día debía ser doncella y no la esposa de otro hombre. Sin embargo, cuando estuvo delante de la princesa, cuya blleza sólo se podía equiparar con la de Afrodita, se dijo convencido:
EVELYN DE MORGAN, Helena de Troya
-"¡Sólo esta mujer puede ser la recompensa que me ofreció Afrodita, la diosa del amor, por entregarle la manzana de oro!"
Paris se olvidó del encargo de su padre y pensó en apoderarse de Helena. Por su parte, la princesa se quedó admirada de la juventud y belleza de Paris y la imagen de su esposo Menelao empalideció en su espíritu, así que pidió a los dioses que regresara pronto su marido. Como viera Paris vacilar la fidelidad de Helena, se entregó por completo al pensamiento de lo que le había ofrecido Afrodita. Helena, impotente ante el cortejo de Paris, le pedía que se marchara de Esparta, pero el príncipe no le hacía caso mientras ideaba su plan.
Así que un día asaltó el palacio real, se apoderó de los tesoros de Menelao y raptó a Helena.
DANTE GABRIEL ROSSETTI, Helena de Troya (siglo XIX)
Cuando Paris estaba en alta mar, se produjo una repentina calma. Frente a la nave principal se partió una ola y el viejo dios marino Nereo alzó la cabeza prediciendo a los troyanos:
-"¡Aves de mal agüero preceden tu viaje, Paris! Los griegos vendrán con un fuerte ejército, decididos a destruir tu adúltero enlace y el viejo reino de Príamo... ¡Ay, Paris, cuántos cadáveres causarás al pueblo troyano! La sangrienta lucha durará años y el fuego griego devorará las casas de Troya, arruinando la ciudad".
Después de lanzar tan fatídica profecía, Nereo se sumergió en las olas. Paris había escuchado aterrorizado, pero cuando la brisa comenzó a soplar de nuevo, olvidó la predicción en los brazos de la raptada Helena.
La flota ancló en la isla de Crane, donde la infiel Helena ofreció su mano a Paris y se unió a él en una boda solemne. Los amantes gozaron durante un tiempo de su amor hasta que decidieron regresar a Troya. Poco tiempo después, los griegos, capitaneados por Agamenón, declaraban la guerra a Príamo.

JACQUES-LOUIS DAVID, Paris y Helena (1788)




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