
En la Cólquida, situada junto al Cáucaso, vivía el rey Etes, que era hijo del Sol y hermano de Circe, la maga. Cuando los Argonautas desembarcaron en esa región, Jasón comprendió que sería imposible atacar directamente al dragón que custodiaba el Vellocino de Oro.
Como sabía que el monstruo dependía del rey Etes, se presentó en la corte y le dijo:
-"Señor, he venido desde Tesalia con mis compañeros para conquistar el Vellocino de Oro que se guarda en el Monte Sagrado. Permitidme intentar la gloriosa aventura".
Al oír esta petición, el rey Etes se encolerizó, pues no quería que le arrebataran el Vellocino de Oro, ya que de él dependía la opulencia de su reino y la felicidad de su pueblo. A la vista de que el Hado era quien lo ordenaba, no se opuso violentamente a la conquista, pero haría cuanto estuviese en su mano para que el héroe fracasara en el intento, así que le respondió:
-"Podrás intentarlo, yo te lo permito. Pero antes debes superar una prueba, que consiste en domesticar dos bueyes gigantes que tienen las patas de plata y llamas en la boca. Después de domarlos, les colocarás un carro y trabajarás con ellos cuatro jornales de terreno salvaje e inculto. Más tarde, sembrarás en el campo labrado los dientes del dragón que yo te daré. De ellos nacerán miles de gigantes que, apenas salidos de la tierra, te atacarán, y tendrás que vencerlos a todos. Domar a los bueyes, arar el terreno y vencer a los bueyes con pruebas que deberás alcanzar en un solo día. Cuando hayas cumplido esta condición, permitiré que vayas a la conquista del Vellocino de Oro".
El valeroso Jasón quedó preocupado al oír esto. Lo que le había pedido el rey Etes era prácticamente imposible y nadie podría haber salido airoso de la prueba. Aun así Jasón aceptó.
Al día siguiente estaba meditando cómo llevar a cabo la prueba cuando vio que se le acercaba una hermosa joven. Era Medea, hija del rey Etes, que se había enamorado de Jasón nada más verle. Además era una hábil hechicera. Y le dijo:
-"Valeroso extranjero. Ayer oí lo que mi padre te ha exigido. Vas a una muerte segura, pero eres joven y quiero ayudarte. Toma este ungüento maravilloso y unge tu cuerpo con él. Así lo harás invulnerable y le darás una fuerza sobrehumana, pero recuerda que su poder sólo dura un día. En ese tiempo deberás salir victorioso de todas las pruebas".
Gracias a la ayuda de Medea, Jasón se hizo con el Vellocino de Oro, y decidió huir antes de que el rey Etes se enterara de su victoria. Durante la noche, la nave Argos puso rumbo hacia Yolcos, llevando a bordo el Vellocino de Oro y a Medea.
Tras varios meses de viaje, la nave de los Argonautas llegó a su patria, donde el rey Pelias seguía gobernando. Nada más poner los pies en Tesalia, Jasón se apresuró a agradecer a los dioses la ayuda recibida, ofreciéndoles la nave “Argos”. Los dioses no quisieron abandonar sobre la tierra aquella magnífica nave y la transportaron al Cielo, donde la convirtieron en una constelación. Cuando Jasón fue a ver al rey Pelias, le mostró el Vellocino de Oro y reclamó el trono, pero el monarca se negó a cumplir su palabra, diciendo:
-"Nadie me arrebatará el trono mientras viva. Jamás he prometido devolverlo a nadie".
Medea, valiéndose de sus artes mágicas, les dijo a las hijas de Pelias que, para rejuvenecer a su anciano padre, le cortasen en pedazos y le hiciesen hervir en un caldero, lo que las jóvenes hicieron sin desconfiar. Sin embargo, este crimen no sirvió de nada, pues Acaste, hijo de Pelias, se hizo proclamar rey de Tesalia, y desterró a Jasón y Medea, que llegaron a Corinto.
En esta ciudad, Jasón se olvidó de lo mucho que Medea había hecho por él, y la repudió para casarse con Glausea, hija del rey de Corinto.
Medea fingió indiferencia, pero en su alma se abrió un gran apetito vengativo. Una de las versiones dice que Medea envenenó al rey y a la princesa de Corinto, degolló en presencia de Jasón a sus propios hijos y huyó por los aires en un carro tirado por dragones alados. Llegó a Asia y se casó con un poderoso rey, con el que tuvo un hijo llamado Medas, que sucedió a su padre, y sus súbditos tomaron el nombre de “medos”.
Jasón, por su parte, después de la trágica muerte de su esposa y de la fuga de Medea, llevó una vida triste y errante, hasta que un día se quitó la vida con su propia espada.
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