
Acrisio, rey de Argos, tuvo una hija llamada Dánae. Y deseando tener descendencia masculina fue a consultar el oráculo de Delfos, que le dijo:
-"Tu hija Dánae traerá un hijo al mundo, que será tu sucesor y tendrá gran gloria. Pero este héroe matará a su abuelo".
GUSTAV KLIMT, Danae
Temeroso de que se cumplieran las predicciones del oráculo, Acrisio encerró a su hija en una torre de bronce, ahuyentando de palacio a todos los príncipes que solicitaban la mano de la princesa. Zeus, no obstante, logró penetrar en la torre en forma de lluvia de oro y persuadió a Dánae a desposarse con él. Fruto de esta unión nació un niño al que se le llamó Perseo.
Al saber lo ocurrido, Acrisio, temiendo morir a manos de su nieto, ordenó que su hija Dánae y su nieto Perseo fueran encerrados en un cofre que se debía abandonar en el mar. Zeus hizo que el viento arrastrara el cofre hasta las playas de la isla Serifes, que estaba bajo el poder de los hermanos Dictis y Polidectes. Éste, prendado de Dánae, se casó con ella, adoptando a Perseo como hijo propio y al que le dio una buena educación. Cuando Perseo llegó a la edad viril, su arrojo, su valor y la admiración que suscitaba en el pueblo despertaron los recelos de Polidectes, que, halagándole, le propuso:
-"Si tu valor es tanto como dicen, debes combatir con las Gorgonas y traerme la cabeza de Medusa".
TIZIANO, Danae
Las Gorgonas eran tres hermanas, hijas de Forcis, dios marino, y de Ecto. Vivían cerca de la morada de la Noche. No tenían más que un solo ojo que compartían, tenían alas de oro y manos de acero con garras, su cabeza se adornaba con culebras y con su mirada petrificaban a todos los que se acercaban. Perseo aceptó la propuesta de Polidectes.
Antes de ponerse en camino, los dioses quisieron ayudarle. Atenea le cedió su escudo resplandeciente, Haides le dio un casco que le haría invisible y Hermes una espada de diamantes. Perseo se subió sobre Pegaso, prestado por Atenea, y voló hasta la región de Forcis, padre de los monstruos más horribles: las Garrilla o “viejas”. Éstas le mostraron al héroe el camino de la morada de las ninfas. Las Ninfas llevaban sandalias con alas, un casco de piel de perro y un zurrón. Quien poseyera estas tres cosas podía pasar inadvertido. Las Ninfas indicaron a Perseo el camino para llegar a las Gorgonas. Perseo encontró a éstas durmiendo y se acercó a Medusa, la única mortal, a quien le cortó la cabeza.
Oculto con el casco de Haides, Perseo emprendió el vuelo empujado por los vientos. Cuando sobrevolaban los arenosos desiertos de Libia, empezaron a caer gotas de sangre de la cabeza de Medusa. Estas gotas se convirtieron en las serpientes venenosas que hoy existen en la Tierra.
Anochecía cuando Perseo descendió sobre Mauritania, en el reino de Atlante, para descansar. El héroe pidió hospitalidad a Atlante (Atlas) por una noche, pero advertido el gigante por el oráculo de que tuviera cuidado de un hijo de Zeus, no le dio acogida. Ofendido Perseo por este trato, le enseñó la cabeza de Medusa a Atlante, por lo que el gigante quedó transformado en el monte Atlas.

CELLINI, Perseo


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