martes, mayo 23, 2006

El fin de Teseo

A partir de la muerte del rey Egeo, su padre, la vida de Teseo está llena de expediciones lejanas, junto a su fiel amigo y compañero, Peritoo.
Peritoo, rey de Tesalia, envidioso de los triunfos de Teseo, quiso combatirle, pero cuando le vio, se quedó tan prendado de él, que se convirtió en su más íntimo amigo. Juntos lucharon contra las Amazonas y contra los Centauros.
Cuenta la leyenda que Teseo acompañó a Hércules cuando éste visitó a las Amazonas y Teseo fue recompensado recibiendo a una de ellas, Antíope, con la que tuvo un hijo llamado Hipólito. Un día, Peritoo y Teseo decidieron casarse con hijas de Zeus, y así pusieron sus ojos en Perséfone y Helena. Las echaron a suertes y Helena le correspondió a Teseo y Perséfone a Peritoo. Helena no era todavía la esposa de Melenao. Después de raptarla en Esparta, Teseo se la confió a Etra, su madre. Y después partió con su amigo para hacer lo mismo con Perséfone, mujer de Haides. Teseo y Peritoo bajaron al Infierno, donde les acompañó la mala suerte, pues Peritoo fue despedazado por el can Cerberos. Teseo logró salir del reino de los muertos gracias a Hércules.
A la muerte de la amazona Antíope, Teseo se casó en segundas nupcias con Fedra, hermana de Ariadna. Esta joven de mal corazón odiaba a su hijastro Hipólito, al que calumniaba sin parar. Teseo al principio no escuchaba a su mujer, pero después terminó maldiciendo también él a su hijo. Como no quería castigar él mismo a su hijo, pidió a los dioses:
-"Os ruego que enviéis un gran castigo a mi perverso hijo".
Un día en que el inocente joven cabalgaba por la orilla del mar, Poseidón creó un monstruo horrendo que aterrorizó al caballo de Hipólito. El corcel se lanzó a la carrera y estrelló al joven contra un olivo. Cuando la malvada madrastra vio los restos ensangrentados de Hipólito, arrepentida y desesperada, tras confesar a Teseo su maldad, se suicidó.
El final de la vida de Teseo fue muy triste. Como no encontró la paz en su reino, lleno de discordias, el héroe decidió retirarse a vivir sus últimos años a la isla de Sciros, donde esperaba encontrar tranquilidad. Pero el destino era diferente. Primero, Mnesteo le usurpó sus estados y luego Likomedes, rey de Sciros, temiendo que Teseo pudiera quitarle el mando, le mató precipitándole desde lo alto de una montaña.
El cuerpo de Teseo saltó de roca en roca por las laderas abruptas hasta llegar al fondo del barranco, donde quedó durante muchos años sepultado y olvidado. Finalmente, por consejo del oráculo de Delfos, los restos del héroe fueron enterrados en Atenas.

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