martes, mayo 23, 2006

Ares o Marte

El dios bélico por excelencia era hijo de Zeus y de Hera. Era un joven tan revoltoso, bárbaro y cruel que todos los dioses le odiaban. Se cuenta que anteriormente había sido el dios de la tempestad, pero es conocido como el dios de la guerra, por lo que ésta tiene de bestial, implacable, feroz e inhumana. Guerrero ante todo y sobre todo, Ares gozaba al impulsar a los hombres a la lucha, ayudado por la terrible Belona o Enio, que unos dicen que fue su hermana y otros su esposa. Además de esta mujer, el dios de la guerra iba siempre acompañado de sus hijos Deimos (el Espanto) y Fobos (el Terror), de Eris (la Discordia) y de una multitud de demonios, que le servían de escuderos, caballerizos y servidores.
BOTTICELLI, Venus y Marte (1483)
Resulta curioso observar que, pese a ser el dios de la guerra y las batallas, en sus leyendas guerreras casi siempre era vencido. Le venció Atenea, le venció Hércules, le vencieron los Alodai y hasta hombres, como Diomedes. Oto y el fornido Efialtes, hijos de Alodai, se apoderaron de Ares en una tremenda lucha. Le tuvieron trece meses atado con fuertes cadenas en una tinaja de bronce, y allí hubiera perecido si su madrastra, la bella Eribea, no hubiera tomado partido hablando con Hermes, quien furtivamente salvó de su prisión al dios de la guerra.
JACQUES-LOUIS DAVID, Marte desarmado por Venus y las Tres Gracias
Otro episodio famoso es el que aconteció a Ares con el herrero divino. Zeus le había dado por esposa al feo Hefaistos a Afrodita, cuando todos los dioses estaban enamorados de ella. El matrimonio no era feliz, y Afrodita se entregaba a Ares siempre que quería, burlándose del sucio y feo marido. Hefaistos, hábil forjador, ocupado constantemente en mantener el fuego de su fragua, le resultaba aburrido a Afrodita. Ares iba a visitar a su amada por las noches. Temeroso de que el Sol, que todo lo ve, les sorprendiera juntos, tenía a un amigo, Alectrión, que vigilaba y les avisaba cuando llegaba el alba. Pero una noche el vigilante se quedó dormido y el Sol se enteró de lo que Ares le estaba ocultando, así que se lo contó a Hefaistos.
LUCA GIORDANO, Venus, Cupido y Marte
En castigo de su olvido, Alectrión fue transformado en gallo. Desde entonces no deja de anunciar con anticipación la salida del rey de los astros. La cresta que orgullosamente ostenta no es más que el recuerdo de su perdido almete de guerrero. En cuanto a Hefaistos, llevando a cabo su habilidad, fabricó una finísima red de hierro, de hilos irrompibles, la colocó sobre el lecho de los adúlteros y en el momento oportuno la dejó caer, aprisionándolos. Inmediatamente convocó a todos los dioses, que se burlaron de los amantes. Hefaistos no sólo pidió justicia, sino que exigió una indemnización. Desconfiando de la palabra de Ares, Poseidón se puso como fiador. Hasta que Hefaistos no tuvo la seguridad de que se le diera la indemnización, no liberó a la pareja. A Poseidón no le interesaba Ares, sino la hermosa Afrodita, que había nacido de la espuma del mar.
PABLO VERONESE, Venus y Marte atados por el Amor (1570)
Afrodita huyó avergonzada y se refugió en la isla de Chipre, donde su culto se hizo muy célebre. Ares, por su parte, se marchó enfadado a la salvaje Tracia. Ares también tuvo numerosos amores con mujeres mortales. Los hijos que nacieron de esas relaciones fueron todos violentos, inhospitalarios, bandidos y crueles.
El dios romano que se identificaba con Ares era Marte.


VELÁZQUEZ, Marte

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