sábado, mayo 13, 2006

"Princesas"



Dos prostitutas y vecinas se conocen en los suburbios de un barrio madrileño de mala muerte. Cayetana (Candela Peña), "Calle" para los amigos (¿coincidencia o sarcasmo?), se compadece de aquellas que están en peor situación que ella. Su móvil no deja de sonar y no decide cambiar su rol hasta que se echa un novio, que la hace sentir como mujer. Zulema (Micaela Narváez) es una dominicana que lleva 10 meses en Madrid. Empezó a "hacer la calle" para mandar dinero a su país y comprarle todos los caprichos a su hijo de 5 años.

Un día se encuentran por casualidad y se hacen amigas. Calle le presenta a su familia (que nada sabe de sus vidas) y le presenta a sus amigas, otras putas que frecuentan una peluquería del barrio y donde siempre se critica a las negras que les quitan el trabajo porque "cobran más barato y se dejan hacer de todo".

Zulema es engañada por un hombre que le promete que le va a hacer los papeles, pero lo único que quiere es un polvo gratis de vez en cuando. Este hombre no se conformará con un polvo, pues terminará poniéndole la mano encima. Sólo cuando la joven dominicana va a por los resultados de las pruebas y ve que es seropositiva tendrá oportunidad de llevar a cabo su venganza con aquél que tanto daño la causó.

Calle se echa un novio informático, con el que pasa momentos inolvidables, donde realmente se siente una princesa. Ella le dice desde el principio que es una puta, pero él se lo toma a cachondeo. Un día la llaman a través de los contactos del teléfono. Y la bonita historia termina. Ya sólo le quedará ser valiente y hacer que se entere su familia. A pesar de todo, ellas no dejarán de ser princesas.

Las conversaciones entre las dos prostitutas, donde hablan de sueños e ilusiones, son quizás las partes más significativas de la película. Me esperaba que los maltratos, que había visto en trailers en el pasado, vendrían de la mano de proxenetas, y no de un cliente. Quizás es una de las muchas historias que se pueden encontrar en la Casa de Campo o en la calle Montera hoy en día. Éste es el otro punto de vista. No aquella visión a la que estamos acostumbrados, como si se tratara de escoria social, sino que es la propia visión desde el mundo de la mujer que vende su cuerpo como medio para sobrevivir.

A pesar de ser un drama social, no es tan triste como se espera, quizás son esos diálogos que miran de frente a la tristeza los que nos hacen sentir una nostalgia de un futuro mejor.

Tener nostalgia en sí no es malo. Eso es que te han pasado cosas buenas y las
echas de menos. Lo peor es tener nostalgia del futuro, hacerse ilusiones con algo que está por llegar y después de un tiempo te das cuenta de que nunca llegará.

Porque al fin y al cabo todos somos seres que cohabitamos en el mismo mundo, a unos se les ve con buenos ojos y a otros preferimos no mirar. Al final, "existimos porque alguien piensa en nosotros y no al revés".

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