IL CARAVAGGIO, NarcisoCuenta la leyenda que la ninfa Eco se había enamorado del bello y joven Narciso. Eco era hija de la Tierra y el Aire y era servidora de la diosa Hera, tercera esposa legítima de Zeus. La ninfa Eco se había hecho cómplice de Zeus para entretener a la esposa de éste con cuentos y relatos, mientras el padre de todos los dioses se divertía siendo infiel a su mujer.
Un día Hera se enteró de cuanto sucedía a sus espaldas e increpó a Eco:
-"Por haberme traicionado, entreteniéndome con tus historias mientras mi esposo me engañaba con otras, te condeno a no hablar sin ser interrogada y a responder solamente a lo que te pregunten".
DOMÉNICO SCARLATTI, Eco y Narciso
Y así la pobre ninfa quedó completamente muda, con la gran tortura de no poder dirigir la palabra al apuesto Narciso.
La cualidad más importante del joven Narciso era la castidad, pues al lindo muchacho no le atraían las mujeres, por bellas que fuesen, lo que le colocaba en una situación muy violenta cuando se encontraba con la ninfa Eco. Para Narciso los gestos y ofrecimientos de la hermosa Eco carecían de todo atractivo, pero tanto se hizo ella la encontradiza, tan vehementes sus miradas y tan elocuentes sus gestos que un día Narciso le preguntó:
-"¿Qué quieres, Eco?"
La ninfa suspiró aliviada pues por fin podía hablar, así que le respondió:
-"Quiero demostrarte mi amor, Narciso. Deseo que nos unamos igual que hacen los dioses y los humanos..."
Narciso, atónito y enfadado, contestó:
-"Vete de mi lado. Las mujeres sois odiosas y pesadas. ¡Déjame en paz!"
WILLIAM WATERHOUSE, Eco y Narciso
Y sin escuchar las súplicas de la ninfa, Narciso dio la vuelta y se alejó. Herida en su amor propio y en su orgullo e irritada al máximo, acudió a Zeus, y le pidió que le ayudara a castigar a Narciso por haberla despreciado. Zeus le contestó:
-"Olvida a Narciso. El sátiro Pan te quiere. ¿Qué más deseas?"
-"Pan no me gusta. Es feo y deforme, de pies hendidos y cola de cabra. Tiene cuernos y sólo sabe tocar la flauta pastoril".
Ante la insistencia de Eco, finalmente el dios Zeus sentenció el futuro de Narciso:
-"Ese casto joven se enamorará apasionada e inevitablemente de la primera imagen o persona humana en quien pose sus ojos".
Y así fue. Cierto día, fatigado Narciso por la caza, mientras calmaba su sed en una laguna de agua clara, el joven descubrió su propia imagen reflejada en el agua y quedó fascinado. Inmediatamente se enamoró locamente de sí mismo y de su propia belleza hasta casi perder la razón. Permaneció horas y horas contemplando su imagen en el agua. Luego tendió sus brazos hacia la laguna y vio que la imagen reflejada también le tendía sus brazos. Convencido Narciso de que el silencioso joven que venía a través de las aguas le esperaba amoroso, se arrojó al agua para abrazar a aquel que le miraba. La muerte de Narciso fue consecuencia de aquel acto de adoración a sí mismo.
Cuando las hermosas Náyades acudieron a velar al bellísimo Narciso, encontraron en su lugar una delicada florecilla blanca y amarilla, en la que Zeus había transformado al bello cazador.
SALVADOR DALÍ, Las metamorfosis de Narciso


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