
Desde que me leyera El psicoanalista, considero a John Katzenbach uno de los mejores escritores contemporáneos de thriller psicológicos. Él no se dedica exclusivamente a describir sólo los hechos, sino que se introduce –y nos introduce- en la mente del psicópata y, de esa manera, podemos observar su manera de pensar, su frialdad ante el resto de personas, su indiferencia ante la muerte, sus ansias de venganza, una terrible soledad y un sinfín de actitudes más que nos dan las posibles pistas de su actuación posterior en diferentes situaciones, casi todas creadas por él.
Es obvio que el psicópata es el elemento más atractivo de toda la novela. Así pasa aquí, y así pasaba en El psicoanalista.
“No te imaginas lo que es vivir escondido. Llega un momento en que no sabes si siguen o no buscándote, es el peor. Porque huir no es tan malo. La adrenalina te empuja y estás siempre alerta, siempre preparado para lo que pueda venir, como con un chute de anfetaminas. Es la mejor parte de ser un delincuente. Siempre en guardia; es emocionante y hasta divertido. Pero pasado un tiempo, años incluso, empiezas a dudar. Todo lo que te rodea ha cambiado, pero tú no. Incluso si estás trabajando, incluso si estás haciendo otras cosas, en el fondo sabes que todo es mentira y que en realidad estás huyendo. Y eso es horrible, porque no sabes si hay alguien ahí fuera que sigue buscándote.La familia Richards vive acomodadamente en una zona residencial de Greensville. Duncan, el pater familias, es banquero. Como mano derecha del presidente del banco donde trabaja, ha ido ascendiendo puestos hasta ser uno de los directores adjuntos. Su esposa, Megan, trabaja en una agencia inmobiliaria y se siente dichosa cada vez que alquila alguna de las estropeadas casas y derruidas granjas de los alrededores de la ciudad. Sus hijas mayores, Karen y Lauren, son dos gemelas muy risueñas, unas adolescentes que viven en su mundo de fantasía. Tommy, el muchacho, es un niño especial. A medio camino entre el autismo y la esquizofrenia, el niño tiene acusados ataques acompañados de largas ausencias, pero el cariño de su familia le hace seguir adelante. A pesar de que podría parecer lo contrario, el niño es muy inteligente, característica típica en la mayoría de niños autistas. Varias veces a la semana va su abuelo, el juez Tommy Pearson, a recogerle al colegio.
Así que te preguntas si habrás desperdiciado tu vida para terminar como una nota a pie de página en la tesis doctoral de un miembro de la policía científica”.
Todo parece haber cambiado en las vida de Duncan y Megan, que parecen haber olvidado su pasado activista y su participación en el movimiento hippy, allá por los años 60.
Han pasado 18 años, pero Olivia Barrow no ha olvidado a los que la dejaron tirada en medio de la calle, con el cuerpo sangrante de otra activista y los años de la cárcel, donde ha forjado una cruel venganza. Acaban de darle la libertad provisional y Olivia se dirige inmediatamente hacia Greenville.
Duncan y Megan pertenecieron, durante 1968, a un grupo revolucionario que se proclamaba contrario al sistema, contrario a las guerras, contrario al país... y la lucha la llevaron a la calle. El grupo que lideraba Olivia decidió atracar un banco, para darse a conocer. No habría derramamiento de sangre, solo se llevarían el dinero. Pero no salió como habían planeado. Los guardas empezaron a disparar y en el tiroteo murieron, tanto activistas como policías. Duncan estaba fuera del banco, preparado para huir, pero cuando vio el panorama, salió huyendo, buscando a Megan, que estaba en una furgoneta, algo más lejos del banco.
Olivia, junto a dos cómplices, secuestra a los dos Tommys a la salida del colegio del niño y los encierran en un ático de una desvencijada casa de las afueras. La familia Richards está muy nerviosa. Saben que Olivia ha venido dispuesta a acabar con ellos y que no se conformará con el dinero del secuestro. Ella solo quiere destruir a la familia. Cuando aparece en el banco, no le dice una cantidad fija a Duncan, solo quiere que lo robe de su propio banco, que imagine cuánto vale la vida de su hijo y de su suegro.
Las gemelas se enteran de lo que sus padres fueron en el pasado, y Megan consigue mantenerlos a todos unidos.
Duncan conoce todos los secretos del banco, así que no es difícil para él robar el dinero, siempre tomando medidas y explicándolo todo después. Sabe que es ilegal lo que va a hacer, pero Olivia solo quiere que termine lo que empezó hace 18 años. Pero ahora no puede huir, porque le presiona con dos vidas de su familia.
Pero cuando les entrega el dinero, Olivia no le entrega a los prisioneros; solo se ha dedicado a jugar con Duncan. Su finalidad es matarlos a todos, ahora que ha conseguido tantos millones de dólares. También enfrentará a sus cómplices para que se maten entre ellos.
Hay algo que falla en su plan: el amor de una madre por su hijo es más grande de lo que imagina. Y Megan conoce el modo de pensar y de actuar de Olivia, así que, con la ventaja de trabajar en una inmobiliaria, solo tiene que buscar las casas alquiladas en los alrededores. Después de recorrerse la zona, por fin da con la antigua granja donde tienen secuestrado a su hijo. Ahora tienen que ser más fuertes: debe comprar armas para todos. Cuando llega a casa, explica su plan y los padres y las gemelas consiguen entrar en la casa. El juez, antiguo marine, muere ante una ráfaga de metralla, pero sirve de pared humana para que su nieto se salve. Tanto Olivia como sus cómplices mueren en el tiroteo.
Están llenos de infinita ternura los diálogos entre los dos Tommys. Como no tienen mucho que hacer en el ático donde están encerrados, matan sus horas hablando. El juez le cuenta historias de cuando estuvo en la guerra. A Tommy se le ve un chico despierto, con afán por vivir y dotado para una supervivencia innata, a pesar de su “mal”. En el mismo ático le da un ataque que no puede remediar y es entrañable cuando, al volver en sí, le dice a su abuelo: “Lo siento”.
Tommy, además, en su inocencia infantil es el único que no se deja engañar por Olivia. Es el único que comprende que ella miente y que, finalmente, les va a terminar matando.
Me quedo, especialmente, con estos recuerdos tan tiernos de Tommy. Sabes que es un niño “especial”, pero es inevitable no cogerle cariño.
Es importante subrayar también la determinación de Megan por salvar a los suyos, por mantener unida a la familia, la que de verdad lucha por ese niño fruto del amor maduro. Ella es la que busca a su hijo, le encuentra, la que traza el plan y la que llega hasta él, pues no hay disparo que pueda detenerla. Y gracias a esta brillante determinación maternal la historia termina bien.
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