miércoles, mayo 21, 2008

Celephaïs

Kuranes era su nombre cuando soñaba. Empezó a vivir con sus sueños y de sus sueños. Al principio, los escribía, pero cuando la gente de alrededor leía esos textos se reían de él, así que dejó de compartir sus sueños.
En su buhardilla de Londres consiguió finalmente volver a la ciudad donde había nacido, Celephaïs. Todo estaba igual que como lo había dejado, la gente le saludaba por las calles. Al llegar al precipicio cercano a su hogar familiar empezó a volar y descubrió una sensación nueva. Veía las doradas cúpulas y los bellos edificios desde el cielo, y al fondo el hermoso bar con brillantes barcas que se mecían suavemente. Pero de repente volvía a despertar. Le costó mucho volver al sueño de Celephaïs. Para ayudar a encontrarlo, empezó a consumir drogas y a empeñar todo lo que tenía, hasta que un día se quedó sin nada y el casero le echó a la calle. Vagabundeó por Londres, pero de repente unos caballeros vinieron a buscarle y llevárselo a Celephaïs, para proclamarlo rey, ya que la ciudad se había mantenido viva gracias a sus sueños. Y allí sigue reinando Kuranes.
Mientras su cuerpo sin vida choca con las olas de los solitarios canales cercanos a Londres...

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