martes, mayo 13, 2008

El apóstol número 13


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Este libro se plantea la posibilidad de un decimotercer apóstol, enemigo acérrimo de Pedro, el padre de la Iglesia, en cuya casa se celebró la última cena. No se dice su nombre, pero se le llama "el bienamado" y se dice que fue el primero al que Jesús conoció, antes que a los Doce.
En el expreso Roma-París, un monje se dirige a su hogar en la abadía francesa de Saint-Martin. El padre Andrei va acompañado de dos silenciosos pasajeros y, en el largo viaje, apunta en una nota lo que tiene que decirle a su compañero, el padre Nil.
Esa madrugada, un gendarme aparece en la abadía para comunicar que el padre Andrei ha sido tirado por la ventanilla del tren y ha aparecido muerto junto a las vías. Cuando el padre Nil va a reconocer el cadáver encuentra la nota en la mano cerrada del monje muerto.
A partir de esas palabras reanudará los estudios del fallecido bibliotecario de Saint-Martin sobre la existencia de un hombre, que posiblemente fuera el autor del Evangelio de San Juan y que dejó una epístola donde niega la divinidad de Jesús, alegando, además, que el cadáver de Jesús fue enterrado por los esenios en el desierto de Idumea. Esta realidad puede destruir a la Iglesia católica, que pide al padre Nil que vaya a Roma, para así poderle controlar.
Allí, la Sociedad San Pío V se encarga de que diversos documentos no vean la luz. Está dirigida por el depravado Alessandro Calfo, que porta un anillo con forma de ataúd, para que no olvide nunca su objetivo.
El padre Nil encontrará el documento, escondido en un fondo del Vaticano que no aparece en los mapas, donde se guardan todos los documentos que podrían hacerse tambalear los cimientos de la Iglesia. Sabe que, a partir del momento en que cruce el umbral, deberá huir lejos.
Ahora el padre Nil cuenta su historia desde una ermita en el desierto de los Abruzos. Sabe que un agente de la Mosad o de Hamas va a venir a asesinarle, por eso tiene que contar la historia a su invitado. Allí, en medio de aquel desierto perdido italiano, ha encontrado la paz de espíritu y el silencio y, sobre todo, ha encontrado a Jesús.

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