miércoles, mayo 14, 2008

Las cicatrices invisibles

Y entonces te das cuenta de que sientes algo muy cercano al odio. Sabes que no es odio porque no te estás pudriendo por dentro, pero esa persona del pasado te produce tremendo rechazo, ni siquiera puedes dedicarle un mínimo pensamiento bueno porque todo lo que le rodea desprende demasiada energía negativa.
Y entonces te preguntas qué le viste entonces que, varios años después, recién quitada la venda que te tapaba los ojos buscas y buscas momentos pero no encuentras ninguno que te lleve a admirar siquiera un poco a esa persona, pero sí encuentras mucho que reprochar.
Y entonces te da la sensación de haber vivido en una nube, pero no has sido inmune al dolor porque las heridas fueron aumentando con el paso de los años. Ahora hay una horrible cicatriz que podría abrirse en cualquier momento, pero sabes que ahora puedes controlar el dolor, puedes poner al mal tiempo buena cara y sabes que no perdonarás a aquella persona.

Y no le odias porque no le ves todos los días, no le odias porque las distancias y el tiempo han terminando separandoos para siempre, porque ciertas palabras terminaron afeando algo que era bello. No le odias porque sabes que jamás le amaste, no le odias porque no quieres perder ni un segundo más por una persona que no merecía la pena. No le odias a pesar del dolor. Y tanto dolor no se puede perdonar.

Y sabes que tienes el poder, porque esa persona cree que sigues viéndole como antes, que puede seguir hurgando en la herida; pero algo ha cambiado y esa persona lo desconoce y es que tú ya no le miras con el mismo cristal. Tienes una cicatriz invisible, demasiado grande como para perdonar, demasiado grande como para olvidar, demasiado grande como para esconder... Y ahora sólo sientes indiferencia.

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