viernes, mayo 23, 2008

La ciudad sin nombre

Perdida en el inmenso desierto de Arabia se encuentra la ciudad sin nombre. Todos hablan de ella y el pánico se hace patente entre todos los árabes que viven en lugares cercanos. Pero el viajero no tiene miedo y siente inmensa curiosidad.
Entre terribles tormentas de arena, la quietud y el inquietante silencio, se adentra entre las calles vacías y los edificios semienterrados por la arena de la ciudad sin nombre. Por las noches intenta dormir fuera de la ciudad, entre vientos glaciales y tiene horribles pesadillas que acaban al despertar.
Uno de los días, encuentra los templos de roca y la curiosidad vence al miedo. Entra en los templos, que cuentan con techos bajos. Casi tiene que arrastrarse por los oscuros túneles. Se ha echado la noche encima, cuando una corriente de aire frío le atrae hacia el último templo, hacia el más oscuro y tétrico de los edificios. Entra y recorre un pasadizo oscuro y escabroso, lleno de vitrinas de madera y cristal; en ellas se encuentran los cuerpos momificados de unos extraños seres de la familia de los reptiles, mitad cocodrilos, mitad focas, suntuosamente vestidos y muy enjoyados. Se le ha apagado la antorcha y se arrastra a oscuras por el corredor. Al final hay un resplandor que va alumbrando el pasadizo gradualmente. Y se fija en la exótica decoración mural que cuenta la historia de la civilización extinguida que ahora reposa placenteramente en las vitrinas. Finalmente, llega a una puerta de bronce, de donde procede la fosforescencia que alumbra el corredor. Detrás de la puerta sólo está el vacío, un terrible abismo, y unos estrechos escalones.
A las espaldas del viajero suena un débil gemido. Aparecen las corrientes de aire frío que le empujan hacia el abismo, como si tuvieran garras. Escucha a los demonios hablar en extrañas lenguas y, al mirar atrás, ve los extraños seres parecidos a reptiles. Entonces pierde el conocimiento... y eso le ha salvado la vida.

No hay comentarios: