domingo, mayo 18, 2008

El templo

En un manuscrito encontrado en la costa de Yucatán dentro de una botella se cuenta una crónica que aconteció al submarino alemán U-29 en verano de 1917.
Habla el capitán, Karl Heinrich, que se ha quedado solo en la nave, después de ver morir a toda su tripulación.
A principios de verano salieron del Mar del Norte en dirección a aguas americanas y allí torpedearon a un carguero británico, el Victory. Al emerger a la superficie, agarrado a la barandilla había un cadáver, un joven griego o italiano bien parecido, que portaba una valiosa y hermosa talla de marfil. El contramaestre Müller se quedó con la estatuilla. Al tirar al agua el cadáver, los dos hombres que le sujetaban le vieron abrir los ojos y sonreír de manera irónica.
Desde entonces empieza el caos en el submarino. Explotan las máquinas y muchos creen ver visiones. Además, van escoltados por numerosos delfines desde que se han quedado a la deriva y van perdidos rumbo al sur. Los hombres se matan entre ellos e incluso se produce un motín. Entre el alférez Klenze y el capitán, acaban con el resto de la tripulación, quedándose los dos solos. Pero Klenze empieza a verse invadido por una especie de locura, a través de la cual intenta llevarse a su compañero al mar.
Karl Heinrich rechaza esa estúpida muerte y sigue en el submarino, que poco a poco va hundiéndose y quedándose sin luz y electricidad. Cuando, finalmente, llega al fondo oceánico consigue ver un haz de luz. Allí afuera hay una ciudad abandonada, con edificios de mármol en ruinas. Destaca un templo en perfecto estado de conservación. El capitán se pone un buzo y sale a explorar, aunque no entra en el templo porque se está quedando sin aire. Al regresar a la nave, se da cuenta de que las estatuas del templo que acaba de ver y la talla de marfil que portaba aquel marinero son idénticas. Empieza a sentir un miedo atroz.
Fuera, una luz potente y fosforescente ilumina el interior del templo. Consigue retener su voluntad y no ir a explorarlo. También escucha una especie de sonidos y cánticos rituales que parecen llamarle.
El último día ha decidido escribir todo, porque ha decidido que entrará en el templo que parece estar esperándole.

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