sábado, mayo 31, 2008

A orillas del río Piedra me senté y lloré


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"A orillas del río Piedra me senté y lloré. Cuenta una leyenda que todo lo que cae en las aguas de este río -las hojas, los insectos, las plumas de las aves- se transforma en las piedras de su lecho. Ah, si pudiera arrancarme el corazón del pecho y tirarlo a la corriente; así no habría más dolor, ni nostalgia, ni recuerdos.
A orillas del río Piedra me senté y lloré. El frío del invierno me hacía sentir las lágrimas en el rostro, que se mezclaban con las aguas heladas que pasaban por delante de mí. En algún lugar ese río se junta con otro, después con otro, hasta que -lejos de mis ojos y de mi corazón- todas esas aguas se confunden con el mar.
Que mis lágrimas corran así bien lejos, para que mi amor nunca sepa que un día lloré por él. Que mis lágrimas corran bien lejos, así olvidaré el río Piedra, el monasterio, la iglesia en los Pirineos, la bruma, los caminos que recorrimos juntos.
Olvidaré los caminos, las montañas y los campos de mis sueños, sueños que eran míos y que yo no conocía."
Ésta es una historia de amor, de un amor de verdad, afianzado por el tiempo y la distancia, un amor que comenzó hace mucho tiempo y que se incrementa con el reencuentro... después de once años de ausencia... No sé por qué, en ciertas partes, me siento tan identificada con la protagonista.
Pilar tiene 29 años. Vive en Zaragoza. Trabaja y estudia para oposiciones de funcionaria. Sus días son grises, iguales, buscando la estabilidad, algo seguro, pero aburrido. De repente, su amigo de la infancia, con el que se cartea esporádicamente, va a dar una conferencia en Madrid y le pide que acuda, porque quiere verla.
Un día de diciembre empieza una semana por la que toda la montaña segura en la que Pilar se había refugiado hasta ahora se desmorona. Una semana con él bastará para recuperar los años perdidos. Él ha viajado, ha conocido mundo, es seminarista y curandero, y ha pisado zonas que ella jamás osaría atravesar, porque tiene miedo. Pero con él todo es diferente. Él ha vuelto porque, a pesar de los años que han pasado, sigue enamorado de ella; porque debe elegir entre su amor por Dios y su amor por Pilar, no puede dividirse entre esos dos amores, sino que debe entregarse íntegramente a uno de ellos. Su periplo por Bilbao y los Pirineos hace que Pilar se despoje de sus miedos y se entregue totalmente a él y que, finalmente, terminen compartiendo un sueño común.
"Amar es como una droga. Al principio hay una sensación de euforia, de entrega total. Después, al día siguiente, quieres más. Todavía no te has enviciado, pero te ha gustado la sensación, y te parece que puedes mantenerla bajo control. Piensas en la persona amada durante dos minutos y la olvidas durante tres horas.
Pero al poco tiempo te acostumbras a esa persona, y pasas a depender totalmente de ella. Entonces piensas en ella durante tres horas y la olvidas durante dos minutos. Si no está cerca, experimentas las mismas sensaciones que los viciosos cuando no consiguen droga. En ese momento, así como los viciosos roban y se humillan para conseguir lo que necesitan, tú estás dispuesto a hacer cualquier cosa por el amor."

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