Hay lugares y cosas que tienen alma.
Esta es la historia de una Calle que vive con la historia de sus habitantes. Y recuerda cómo la senda que utilizaban en principio los aguadores para traer agua desde un manantial del bosque terminó con casitas en sus lados; primero de madera y barro, después de piedra por los ataques de los indios cercanos. Las familias se enseñoreaban de paseo y olía a rosas en pleno esplendor.
Pero, con el paso de los años, los jóvenes fueron a la guerra (de la Independencia) y las viejas mansiones señoriales empezaron a abandonarse al tiempo, al vacío y al silencio. Ya no volvió a florecer y tenía un hedor insoportable. Los rufianes y los maleantes se asentaron allí. Incluso en una de las casas se reunía un grupo terrorista. Pero ya no volvió a ser lo que había sido.
De repente, un día la Calle desapareció y sólo quedaban ruinas... y el recuerdo.
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