sábado, mayo 17, 2008

27 de mayo de 2007

Espiga, símbolo tradicional de vida
Del pasado año hay dos fechas que recordaré siempre. Una es de mayo, la otra de septiembre. Todavía queda algo más de una semana para que se cumpla ese plazo. Para mí es un día importante porque fue la última vez que vi a mi tío. No es exacto, porque la última vez que le vi fue en septiembre, en el tanatorio, y ahí ni siquiera pude darle un último abrazo, sólo pude decirle un melancólico adiós sin saber si él, fuera donde fuera que hubiere ido, podría escucharlo.
El año pasado fue uno de los peores, por no decir el peor, de mi vida. Desde que en febrero me dijeran la cruda realidad, en abril estuviera en hospitales, ora despierto, ora dormido, por fin en mayo le dieron el alta.
El 27 de mayo, que era día de elecciones -recuerdo bien-, le vi sonreír por última vez, le di los últimos besos y abrazos desconociendo que serían los últimos, y le vi lleno de vida. Es cierto que en los últimos meses había envejecido lo que otros envejecen en cien años, que tenía un aparato de respiración asistida, que se cansaba mucho, pero su humor, sus risas y sus bromas siempre estuvieron ahí, eclipsando todo lo demás.
Por circunstancias de la vida, en verano no fui a casa. Algo de lo que me arrepentiré siempre. Si supiéramos que la línea estaba pronta a su final... Mis padres siempre me dicen que lo mejor es que le recuerde en tiempos mejores, aunque hoy me da la sensación de que sólo han pasado unas horas desde que respirara por última vez. Y pensando en mi tío se pasan las horas de la noche, pues en el momento en que cierro los ojos, en medio de la oscuridad, sus risas me llegan de lejos, escucho su voz como si estuviera aquí hablándome, recuerdo sus momentos de humor, todo lo que decía, las esperanzas... esas esperanzas que nunca se cumplieron, esperanzas que él jamás perdió. Es sorprendente las ganas que tienen de vivir aquellas personas cuyo final está tan cercano... Yo jamás pensé que perderíamos a mi tío tan pronto. Sabía que se nos iba, pero siempre esperé que pasara más tiempo con nosotros.
No puedo evitar tener bajones, que de repente sienta esta infinita tristeza, un agujero en mi interior que nadie puede llenar... Mi tío, al estar soltero, tenía una muy estrecha relación con nosotros. Para mí, siempre fue un segundo padre.
Es duro tomar conciencia de la muerte de un ser querido.

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