Joe Slater había nacido en las montañas de Catskill, donde vivían los degenerados y la escoria humana. Dormía tarde y, al despertar, hablaba de extrañas cosas que habían sucedido en las horas de sueño. Nadie podía comprender cómo una persona que no sabía leer ni escribir contara todas aquellas paranoias. Al cabo de un rato, Slater se olvidaba de lo que había dicho y, por tanto, de lo que había soñado.Así, una de las noches en que le encontraron delirando en sueños asesinó a un hombre. Fue juzgado y se libró por enajenación mental, pero tendría que ingresar en un centro para enfermos mentales.
Uno de los internos del hospital se sentía atraído por la personalidad etérea y onírica de Joe, así que decidió investigar su conducta más de cerca. En sus años de estudios había investigado con un compañero la comunicación mental, y tenía guardados los instrumentos que habían utilizado, sin resultados, para la telepatía. Empezó a utilizarlos con Joe Slater cada vez que soñaba o tenía alguno de sus terribles ataques.
Y entonces una noche ocurrió. El joven doctor consiguió verse flotando en los sueños de Joe, con un humano que desprendía una enorme luz. En medio del sueño se enteró que a su paciente le quedaban pocas horas de vida. Sabía que tenía que volver al estado de vigilia y, al despertar, la mirada de Joe se clavó en él, diciéndole cosas por telepatía, pues su voz no pertenecía ya a Joe, sino a su hermano de luz, una mente activa de primer orden que brillaba en el firmamento y a la que los hombres habían llamado Algol.
"Estoy dispuesto a que se apodere de mí un sueño". (Shakespeare)
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