domingo, mayo 04, 2008

Cementerios fascinantes


Recorrer cementerios puede parecer algo poco seductor. Sin embargo, el mundo está lleno de cementerios fascinantes donde se pueden encontrar tanto innumerables historias famosas como la última morada de personajes célebres.
Algunas de las tumbas son verdaderas obras de arte. De los siguientes cementerios solo he visitado uno de ellos: el de Père Lachaise en París. Allí también estuve en otro camposanto en Montparnasse, que contaba, igual que el anterior, con numerosas losas de gente famosa. El de Praga estaba cerrado justo el día que íbamos a adentrarnos entre las oscuras y desordenadas lápidas y solo pudimos observar el batiburrillo de piedras y yerba desde la verja cerrada a cal y canto. Cuando fui a Roma no se me ocurrió visitar el Cementerio Protestante, aunque estoy segura de que si ahora volviera a la capital italiana, me pasaría por allí, aunque solo fuera para ver el “Angel of Grief”, inmortalizado para siempre en las carátulas de un disco de Nightwish.


El cementerio judío de Praga: el más extraño

La capital checa es una de las ciudades más hermosas de Europa, con sus iglesias barrocas, sus calles empedradas y sus cervecerías de anchos portones y techos de tejas rojas. Después de cruzar del río Moldava por el histórico puente de Carlos IV desde la Ciudad Vieja en dirección a la Pequeña Ciudad o Malá Strana hay que caminar por una calle empinada. Al final se llega al barrio de Josefov, un antiguo barrio judío con seis sinagogas y muchos bares con ventanas de doble vidrio para que en el crudo invierno no entre el frío que trae la nieve. En los bares no faltan referencias al Golem, personaje legendario creado por un judío que nació y vivió en estas calles, que insufló vida a un muñeco de barro que tuvo que destruir cuando éste de volvió inmanejable.

Esta historia, recogida por escritores como Isaac Bashevis Singer y Jorge Luis Borges, sigue llenando el barrio de misterio. Pero lo más misterioso es cómo se han podido sepultar 30.000 personas desde 1439 hasta 1787 en el pequeño cementerio judío que se encuentra en el centro exacto del barrio. Quita el aliento ver esa gran cantidad de lápidas de piedra gastada y ennegrecida, arrumbadas, inclinadas y apiladas unas sobre otras, como si estuvieran peleando por su lugar en el recuerdo y en el tiempo. Todas están protegidas por un techo verde de robles y castaños. La parte triste de la historia, sin embargo, no está en este cementerio de los que murieron en paz, sino en el Museo Estatal Judío, que exhibe candelabros y estrellas de David, que se recuperaron después de los destrozos y saqueos que sufrió el barrio en la Segunda Guerra Mundial. En la sinagoga de Pinkas figuran los nombres de casi 80.000 judíos asesinados durante el genocidio nazi, la mitad de ellos ciudadanos de Praga. Y en otro museo se exhibe el máximo horror de la guerra: los dibujos de los niños prisioneros que muestran el horror vivido en el campo de concentración de Terezin.

Al lado de esto, el cementerio es un remanso de paz y alegría en torno al cual los jóvenes de Praga se reúnen a tomar sus cervezas Pilsen.

El cementerio protestante de Roma: el de los poetas
En la estación de la Pirámide y caminando por la Via Caio Cestio, se llega a un encantador jardín arbolado, lugar donde yacen las tumbas de algunos de los alemanes e ingleses más famosos del siglo XVIII. Antes de llegar, lo que más sorprende en esa calle es la extraña pirámide de tipo egipcio que mandó construir el pretor (juez) romano Cayo Cestio en el año 12 a. C., cerca de la Porta di San Paolo, para que le sirviera de mausoleo.

Tumba de John Keats y de Joseph Severn
El cementerio protestante funciona como tal desde 1738 para los no católicos de Roma. Entre sus intrincados senderos se encuentra la tumba del famoso poeta romántico John Keats, que falleció de tuberculosis en 1821, cuyo epitafio reza con humildad: “John Keats, joven poeta inglés: Aquí yace un poeta cuyo nombre se escribió en el agua”.

Detalle de la tumba de John Keats
A su lado reposan los restos de su amigo, también poeta, Joseph Severn (fallecido en 1879).

Muy cerca se encuentra la tumba de Percy Bysse Shelley, que fue uno de los mayores exponentes del romanticismo rebelde, autor de ensayos filosóficos en contra de los dogmas y el autoritarismo. Su vida fue tan romántica como su obra: siendo hombre casado, huyó a Roma con la novelista Mary Wollstonecraft (más conocida como Mary W. Shelley), que era hija de la primera feminista del mundo con la que compartía el nombre, y autora de la famosísima historia de Frankenstein. Solo se casó con ella al enterarse de que su esposa se había suicidado ahogándose en un estanque de un parque de Londres. Cultivó amistad con el poeta Lord Byron hasta que en 1822, poco antes de cumplir los 30 años, Shelley murió ahogado en una tormentosa travesía en barco, que iba desde Livorno hasta La Spezia. A su cuerpo, hallado en la playa, se lo sepultó en este cementerio, el favorito de los amantes de la literatura inglesa.

Tumba de Percy Bysse Shelley

El cementerio Père Lachaise: el de los famosos

Al final de la Avenida de la República, en lo alto de una colina, está el más grande y famoso cementerio del mundo, que ya existía en el Medievo. Tal vez porque desde él se obtienen unas magníficas vistas de París y sus castaños están llenos de alondras, este cementerio no tiene en absoluto un clima melancólico. Hay tantos personajes enterrados en este lugar, que parece más una galería de esculturas al aire libre que un camposanto.

Entre los monumentos más admirados están las figuras de Abelardo y Eloísa, los amantes del siglo XII, que yacen uno junto al otro bajo un techo gótico.

Pierre Abailard (Abelardo), fundador de esta abadía, vivió en el siglo XII. Se distinguió por la profundidad de su saber y por la rareza de sus méritos. Publicó un tratado sobre la Trinidad que fue condenado por un concilio en 1120. Se retractó con una sumisión perfecta y por temor no consintió sentimientos ortodoxos. Él solo creó estas tres figuras que representan las tres figuras divinas en conjunción con la naturaleza, después de haber consagrado esta iglesia al Espíritu Santo, que relacionó con el consuelo. Se desposó con Eloísa, que fue la primera abadesa. El amor que unía sus espíritus durante la vida y que se conserva durante su ascenso por cartas más espirituales ha reunido sus cuerpos en esta tumba. Abelardo murió el 21 de abril de 1143, a los 63 años, después de haber dejado las marcas de una vida cristiana y espiritual”.


También se encuentra en este cementerio la bella escultura moderna de la tumba de Oscar Wilde, hecha por Jacob Epstein. La escultura está íntegramente cubierta de besos y fue salvajemente mutilada en sus partes pudendas por dos ingleses.

Tumba de Oscar Wilde
Asimismo en el cementerio se puede encontrar la tumba de la escritora norteamericana Gertrude Stein, mecenas de varios exponentes del modernismo, como Pablo Picasso, Matisse, Braque y Hemingway, a quienes reunía en su casa. Entre las más brillantes figuras de la cultura se encuentran La Fontaine, Molière, Balzac, Daumir, Ingres, Delacroix, Corot, la cantante Edith Piaf y los compositores Rossini y Chopin.

Pero la tumba más visitada, año tras año, es la de Jim Morrison, el líder del grupo The Doors. El mismo Morrison había visitado el cementerio una semana antes de morir por sobredosis en un apartamento de París (7 de julio de 1971) y expresó, proféticamente, el deseo de ser enterrado aquí. Su descanso final es el cuarto lugar más visitado por los turistas que llegan a París, después de la Torre Eiffel, Notre-Dame y el Centro Pompidou. Hay cámaras alrededor de la tumba, debido a que los fans ya han robado cuatro lápidas. Finalmente, los padres de Morrison colocaron en 1991 una lápida que tiene una frase en griego: “Kata Ton Daimona Eaytoy”, que se presta a dos interpretaciones. En griego moderno significa “Al espíritu divino dentro de él” y en griego antiguo se traduciría como “Creó sus propios demonios”.

París, como Roma, está construida sobre siete colinas (Mont Martre, Mont Souris, Montparnasse, Le Mesnil Montart, Le Gross Caillou –llamado Chaillot-, La butte aux cailles y Champ l’Eveque. Esta última colina es la que nos interesa, que, originalmente, era un bosque en cuyas vertientes se cultivaban viñas.

Allí vivía Saint Germain L’Auxerrosis. La leyenda cuenta que Saint Germain se encontró con una niña. El santo, creyendo que la muchacha le pedía la bendición, procedió a otorgársela y entonces se percató de que era ciega. Embotado por la situación, la bendijo dos veces más. Al parecer, el efecto de esta triple bendición devolvió la visión a la niña, que se convirtió en Santa Genoveva, patrona de París.

Años más tarde, un rico especiero, Regnault de Wandonne, tenía una pequeña casa que, con el paso del tiempo, terminó siendo propiedad de los jesuitas, y la casa se convirtió en convento. En 1652, el joven Rey Sol asistió a esta colina en compañía del cardenal Mazzarino, donde se llevaba a cabo una batalla. Los jesuitas, que no habían sido avisados con anticipación, se dieron cuenta de que tenían a sus puertas al rey y al cardenal y no tenían nada para homenajearlos. Entonces se les ocurrió una brillante idea que resultó imborrable para el monarca: desde ese día el monte se llamaría San Luis.
Muerto el padre Mouton, confesor de Luis XIV, le recomendaron al padre Lachaise, uno de los responsables para que revocaran el Edicto de Nantes.
El 31 de agosto de 1763 los jesuitas fueron expulsados de la colina, que pasó a manos del terrateniente Barón de Destuntaines. Con la llegada de la Revolución Francesa, se dispersaron los restos del Antiguo Régimen. Implicó la desacramentalización del acto funerario y su democratización.

Monumento a los muertos
Saint Denis, la cripta real, se destruyó en 1793 y se exhumaron los cadáveres de 25 reyes, 17 reinas y 71 príncipes y princesas. El plomo de los sarcófagos se fundió y se usó para la creación de balas.

Saint Denis
El cardenal de Richelieu fue enterrado en la Sorbona con su familia. Fue decapitado y sus restos fueron exhumados en 1793. En 1866 devolvieron su cabeza y la enterraron junto a sus cenizas.

Lafayette
El cementerio privado de Picpus fue comprado por los Hohenzollern para los descendientes de los guillotinados. Aquí se encuentra Lafayette, cuya losa se reconoce por contar con una bandera americana.
Siendo cónsul Napoleón, propuso al prefecto de París, Frochot, la búsqueda de una zona apta para el cementerio, comprando esta colina a los Desfontaines por la astronómica suma de 180.000 francos.
La construcción del cementerio se encomendó a Prospero Catelin que, junto a Pierre Benoit, introdujo el gusto francés en la arquitectura.

Las dos primeras personas enterradas en el cementerio fueron una niña de cinco años y una mujer de 49, Reube Fevez, en cuya tumba aún se puede leer:
"En terminant sa vie
Elle laisse sese bienfaits
regrets l’on suivie
ne la quitteront jamais".

Ney
En 1807, Napoleón eligió el lugar donde descansarían sus fieles mariscales (Ney, Murat, la Grouchot). Para hacer más encumbrado el lugar, trajo los restos de otros personajes cuyos huesos se habían diseminado durante la Revolución. Así Molière y La Fontaine fueron rescatados del Museo Nacional.

Molière y La Fontaine
Fue el genio de Balzac (cuyo busto fue tallado por D’Angers) el que convirtió este cementerio en un lugar de paseo obligado, por el Père Goriot de su novela que fue enterrado aquí.

Este cementerio no fue ajeno a los avatares históricos. En 1814 fue ocupado el lugar por los rusos y por las tropas de Lavalle, después de regresar de la guerra de Brasil.
En 1871, los comuneros de Versalles se atrincheraron en este cementerio durante una semana (“La Semana Sangrante”), peleando cuerpo a cuerpo. Una escultura de Moreau Vauthiers recuerda el lugar, al igual que el mausoleo del instigador de esas muertes, Adolf Thiers, donde se le acusa de asesino.
También descansa aquí el conde Walewski, hijo natural de Napoleón con la condesa polaca.
Otras celebridades cuyos restos descansan aquí son:
Duque Jean-Jacques Cambaceres (1753-1824), jurisculto, archicanciller del imperio; votó la culpabilidad de Luis XVI, pero después pidió la suspensión de la ejecución. Promotor del Código Civil.

Delfina era hija natural del Duque de Morry, famosa por imponer un corte de cabello que luce en su busto.


Eugène Delacroix (1798-1863). Inspira el movimiento romántico en la pintura.


Théodore Géricault (1791-1824), otro pintor de la pintura romántica francesa. En su tumba hay una réplica en bronce de su más famosa obra: La balsa de la medusa.


Frédéric Chopin, compositor polaco nacido en 1810 y fallecido el 17 de octubre de 1849 de una enfermedad pulmonar. El escultor de la tumba fue Jean-Baptiste, más conocido como Clésinger.


Fernand Arbelot (1880-1942). Escultura en bronce por Adolphe Wansart. Esta sepultura es un cara a cara con aquello que él amaba. Representa el amor absoluto.
Persigue tu camino persigue tu sueño, yo cuando te miro, persigo mi vida, persigo mi sueño.
Te quise tanto, te adoré tanto, que hasta en la muerte quiero guardarte para mirar cómo vacías las lágrimas de la pena y el dolor de mi memoria. Perdóname por haberte abandonado en este mundo en el que solo tienes mi recuerdo
”.



Vivant Denon (1747-1825), diplomático y literato. Estatua en bronce de Pièrre Cartellier.


A la memoria de los españoles derribados y fusilados en las costas de las tropas aliadas. La inscripción se refiere a españoles hechos prisioneros por los nazis y enviados a campos de concentración.


Karmek
Père Lachaise es un cementerio popular, visitado no solo por turistas sino por los mismos franceses. Este culto popular se observa en el monumento a Karmek, fundador del espiritismo y siempre cubierto de flores. Se dice que si se toca su busto da energías.

Es destacable la losa de Victor Noir, joven periodista que murió en un duelo desigual. A su entierro fueron Victor Hugo y el escultor Dafou que, impresionado, dedicó la estatua de la lápida a su amigo, convertida hoy en símbolo de la fertilidad, difundiendo los poderes que emanan de su prominencia fálica.



Catacumbas y huesos: curiosidades romanas
En Roma hay una cantidad enorme de intrincadas catacumbas que eran cementerios subterráneos labrados por los romanos. Contaban con varios niveles de nichos que se extendían hacía abajo y hacia fuera a medida que pasaba el tiempo. Las catacumbas de Santa Domitila, Santa Priscila, San Calixto y San Sebastiano son las más conocidas. Ganaron fama como refugio para los cristianos cuando una ley impedía que el ejército entrara en ellas. Debajo de la Iglesia de San Sebastiano, en las catacumbas del mismo nombre junto a la Vía Appia Antica, hay un templo cristiano antiguo, en cuyas paredes se pueden leer los grafittis en latín que los peregrinos escribían, pidiéndole favores a "Pietros et Paulus" y asegurando en latín que "Claudio estuvo aquí". Y debajo de él se encuentra un templo pagano anterior dedicado a la diosa Mitra, hermosamente decorado con flores de yeso en tonos pastel.

En la Vía Véneto se encuentra la Iglesia de Santa María della Concezione. Guarda una cripta impresionante hecha con huesos de monjes capuchinos. Húmeros, pelvis, omóplatos, costillas y cráneos de 4.000 monjes capuchinos muertos forman decorativas lámparas, cruces, ornamentos en la pared y candelabros. ¿Por qué hicieron eso? Un cartel indica que lo han hecho para recordarnos cuán breve es nuestro paso por la vida.

Highgate Cemetery de Londres: aristocracia y marxismo
El barrio residencial al norte de Londres, lleno de mansiones de mercaderes que se enriquecieron en los siglos XVII y XVIII, es también el lugar donde se encuentra el cementerio histórico de la gran ciudad. Está dividido dos alas: este y oeste. La parte oeste es un museo en sí misma, ya que guarda las tumbas de muchísimos personajes famosos. Está lleno de estrechos senderos arbolados y floridos, luce tumbas de distintas épocas que compiten en estilo y ornamentos.

Es casi un juego descubrir entre sus intrincados senderos las lápidas de pintores y escritores ingleses o de científicos, como el físico Michael Faraday, un precursor tan loco como para arriesgar su vida probando que la electricidad corre por la superficie de los cuerpos sólidos, y no por la parte interior. Para ello diseñó una jaula, se metió adentro, le aplicó una carga de muchísimo voltaje... y salió vivo y feliz de haber probado que su teoría era cierta.

El sector este de este precioso cementerio-jardín tiene la tumba de un hombre que cambió la historia del mundo: el alemán Karl Marx, que nació en Trier y murió en Londres en 1883. El ideólogo del marxismo está representado con fuerza por un busto que Laurence Bradshaw hizo en 1956. Los escritores George Eliot (1818-1880) -seudónimo que escondía a la célebre novelista Mary Anne Evans, admirada por Emily Dickinson y Virginia Woolf-, William Foyle (1885-1963) y William Friese Greene (1855-1921) también están cumpliendo aquí su descanso eterno.

Mary Nichols se encuentra bajo esta maravillosa estatua de un ángel que reposa en el cementerio londinense. Mary murió en 1909 y era la esposa de Arthur Nichols, un director de banco. Fue enterrada junto a su nieto de 18 meses.



Cementerio Trinity Church: el jardín de Wall Street
En Broadway Avenue, en Nueva York, frente a Wall Street y cerca de donde estaban ubicadas las torres gemelas del World Trade Center, se encuentra esta pequeña iglesia gótica de piedra negra. Fue la primera iglesia episcopal de Nueva York, fundada con los dineros otorgados por el rey Guillermo III en 1697 y con la ayuda de William Kidd, un pirata que fue ajusticiado en la horca en Londres en 1701.

La iglesia cambió varias veces de estilo arquitectónico, perteneciendo el último –1846- al diseño de Richard Upjohn. Está rodeada por un jardín protegido por una verja. En él hay pequeños árboles cuyas sombras se alargan sobre una gran cantidad de lápidas ennegrecidas por el tiempo y minimizadas en el contraste con las moles de aluminio, hormigón y cristal que se alzan alrededor, en pleno distrito financiero.

Allí se encuentran las tumbas de Robert Fulton (inventor de la máquina a vapor), del editor William Bradford y de varios personajes influyentes en la historia de los Estados Unidos, entre ellos Francis Smith, representante de Nueva York en la firma de la Declaración de la Independencia.

Este terreno, que vale billones de dólares dada su ubicación estratégica, seguirá siendo el lugar favorito para el almuerzo tranquilo de ejecutivos, yuppies, yetties y brokers de la Bolsa, que se acercan a diario al cementerio.

Cementerio de Martín García: misterios en la isla
Esta pequeña isla del Río de la Plata guarda misterios fascinantes. Tiene una enorme plaza de toros que casi nunca ha sido usada, una reserva natural, un viejo teatro abandonado, una pastelería especializada en los mejores panes dulces del país y uno de los cementerios más raros de Argentina.

Allí se ven cruces ladeadas entre los yuyos y flores silvestres. Hay demasiadas para la pequeña población que siempre albergó la isla. Lo más curioso –y nadie sabe por qué- es que el brazo transversal de todas las cruces está inclinado en diagonal, de manera muy diferente a la tradicional cruz cristiana. Algunos dicen que es una señal extra del duelo por la gran cantidad de víctimas que perecieron al mismo tiempo en una epidemia de fiebre amarilla. En realidad, éste es otro de los misterios de la isla.

La isla fue descubierta en 1516, cuando don Juan Díaz de Solís tuvo que desembarcar allí para enterrar al despensero de su nave, que había muerto a bordo. Como el despensero se llamaba Martín García, don Solís decidió no solo dejar su tumba sino también bautizar el lugar con su nombre. Por su posición estratégica, la isla fue escenario de batallas navales, y por su aislamiento insular fue elegida para instalar allí un lazareto y un crematorio durante la epidemia de fiebre amarilla del siglo pasado. La isla también fue la sede de un penal civil y militar, donde estuvieron recluidos como presos políticos los ex presidentes Hipólito Yrigoyen, Juan Domingo Perón y Arturo Frondizi.

No hay comentarios: