Corre el año 1950 y se ha prohibido la venta de alcohol y drogas en Estados Unidos. Los pocos lugares donde la gente puede disiparse por los malos vicios están escondidos y poblados de todo tipo de raleas y despojos humanos.
Ese es el caso del Billar de Sheeman, en el Distrito de los Corrales de Chicago. Es una taberna oscura y sucia donde no sólo se destilan whisky y otros licores, sino que los parroquianos prueban todo tipo de drogas que difícilmente se pueden encontrar en las calles.
Trabaja allí, en lo más bajo del sector -como fregona y limpiador de escupideras-, el viejo Bugs. Nadie sabe nada de su pasado, aunque, por su manera de hablar, todos suponen que de joven tuvo que ser un hombre culto. El viejo Bugs depende totalmente del alcohol y las drogas y, a cambio, hace los peores trabajos de ese tugurio lleno de escoria. En los contados momentos de lucidez transmite una dignidad muy respetable y entonces nadie le insulta ni le da pescozones. Le acompaña el retrato de una mujer muy bella, perteneciente a la clase alta de la sociedad, que a veces saca y mira, empañados sus ojos en tristeza.
Ese es el caso del Billar de Sheeman, en el Distrito de los Corrales de Chicago. Es una taberna oscura y sucia donde no sólo se destilan whisky y otros licores, sino que los parroquianos prueban todo tipo de drogas que difícilmente se pueden encontrar en las calles.
Trabaja allí, en lo más bajo del sector -como fregona y limpiador de escupideras-, el viejo Bugs. Nadie sabe nada de su pasado, aunque, por su manera de hablar, todos suponen que de joven tuvo que ser un hombre culto. El viejo Bugs depende totalmente del alcohol y las drogas y, a cambio, hace los peores trabajos de ese tugurio lleno de escoria. En los contados momentos de lucidez transmite una dignidad muy respetable y entonces nadie le insulta ni le da pescozones. Le acompaña el retrato de una mujer muy bella, perteneciente a la clase alta de la sociedad, que a veces saca y mira, empañados sus ojos en tristeza.
Un día llega al bar el joven Alfred Trever, un estudiante de Appleton (Wisconsin). Ha leído en los libros sobre los vicios más profundos y quiere experimentarlos. Es hijo de un abogado y de una poeta muy estricta que le ha mantenido lejos de los vicios porque un antiguo prometido se volvió loco por la euforia etílica, desapareció y nunca más volvió a saber de él. Cuando, preguntando a los parroquianos, si la conocen, dice su nombre, Eleanor Wing, el viejo Bugs agarra la fregona con fuerza y sus ojos enloquecen como si fuera un energúmeno. No va a permitir que el joven beba whisky. Le dice que así empezó él de joven y que le vea en la actualidad, la degradación por la que ha pasado. De repente, el viejo Bugs se cae al suelo y muere. Del bolso de la chaqueta cae la foto de una bella mujer. Nadie la reconoce, nadie excepto Alfred, pues esa mujer es su madre.
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