En septiembre sale un viaje a Tierra Santa. Me encantaría ir, a pesar de las eucaristías diarias (por algo es un viaje organizado por la parroquia). En estos momentos me acabo de leer el itinerario del viaje y me ha gustado lo que he leído, pero... siempre hay un pero que prefiero guardarme para mí. Por mucho que desee ir, es posible que pierda la oportunidad de conocer Jerusalén y el Mar Muerto, entre otros. Me pesa, y me pesará mucho más no ir, pero sé bien lo que me digo...
Para la última quincena de junio tendré que haberlo decidido porque es entonces cuando acaba el plazo para apuntarse.
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