También Budapest decora sus calles con hermosas figuras anónimas de bronce.


Esta última da algo de miedo.
Danubio, rio divino,que por fieras naciones
vas con tus claras ondas discurriendo,
pues no hay otro camino
por donde mis razones
vayan fuera d’aquí sino corriendo
por tus aguas y siendo
en ellas anegadas,
si en tierra tan ajena,
en la desierta arena,
d’alguno fueren a la fin halladas,
entiérrelas siquiera
porque su error s’acabe en tu ribera.
(Garcilaso de la Vega)
Budapest me trae demasiados recuerdos...
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