En el lejano país de Mnar hay un inmenso lago en el que no desemboca ningún río ni ningún arroyo fluye de él. Se cuenta que, hace diez mil años, en sus orillas se encontraba la fastuosa ciudad de Sarnath. Pero antes de que los hombres erigieran esta ciudad, había otra de nombre Ib, poblada por desagradables seres verdes de ojos saltones, que veneraban a un extraño dios, el lagarto acuático Bokrug, que era un ídolo de piedra verde mar.
Los hombres construyeron Sarnath, pero no querían como vecinos a aquellos desagradables seres y decidieron acabar con ellos, así que les mataron a todos, robando el ídolo de su dios y llevándolo a su altar.
Esa misma noche, el sumo sacerdote Tarah-Ish había muerto de terror, pero antes de perecer le había dado tiempo a escribir sobre el suelo del altar la palabra "maldición", desapareciendo el ídolo del dios lagarto.
Sin embargo, los hombres vieron que su ciudad, Sarnath, iba prosperando, así que no hicieron caso de lo que había pasado. Su ciudad, construida sobre piedras preciosas, se llenó de palacios, cúpulas de cristal y riquezas, jardines y exóticos animales; tenía 17 templos.
Todos los años, los sacerdotes celebraban el rito de abominación de Bokrug, mientras el pueblo celebraba la fiesta de la destrucción de la ciudad de Ib.
Durante mil años no ocurrió nada malo, durante mil años Sarnath se llenó de lujos y tesoros. Y ahora iba a celebrarse la celebración número mil, así que vinieron los monarcas y nobles de las ciudades y países vecinos. En el banquete, de todos los manjares sobresalían los enormes peces del lago.
Poco después de la medianoche, numerosas sombras empezaron a emerger de las oscuras aguas del lago, envolviendo la ciudad. Los reyes y los nombres empezaron a huir despavoridos y, en las puertas de la ciudad, vomitaron lo que habían comido: extraños seres de color verde con ojos saltones.
Los seres verdes de ojos saltones, exterminados hace mil años, habían vuelto y habían acabado con la ciudad de Sarnath. Ahora, a orillas del lago, donde estuvo aquella fastuosa ciudad sólo queda una orilla pantanosa, donde toma el sol un lagarto acuático. Y entre los juncos, semienterrado, se encuentra el ídolo de Bokrug.
Los hombres construyeron Sarnath, pero no querían como vecinos a aquellos desagradables seres y decidieron acabar con ellos, así que les mataron a todos, robando el ídolo de su dios y llevándolo a su altar.
Esa misma noche, el sumo sacerdote Tarah-Ish había muerto de terror, pero antes de perecer le había dado tiempo a escribir sobre el suelo del altar la palabra "maldición", desapareciendo el ídolo del dios lagarto.
Sin embargo, los hombres vieron que su ciudad, Sarnath, iba prosperando, así que no hicieron caso de lo que había pasado. Su ciudad, construida sobre piedras preciosas, se llenó de palacios, cúpulas de cristal y riquezas, jardines y exóticos animales; tenía 17 templos.
Todos los años, los sacerdotes celebraban el rito de abominación de Bokrug, mientras el pueblo celebraba la fiesta de la destrucción de la ciudad de Ib.
Durante mil años no ocurrió nada malo, durante mil años Sarnath se llenó de lujos y tesoros. Y ahora iba a celebrarse la celebración número mil, así que vinieron los monarcas y nobles de las ciudades y países vecinos. En el banquete, de todos los manjares sobresalían los enormes peces del lago.
Poco después de la medianoche, numerosas sombras empezaron a emerger de las oscuras aguas del lago, envolviendo la ciudad. Los reyes y los nombres empezaron a huir despavoridos y, en las puertas de la ciudad, vomitaron lo que habían comido: extraños seres de color verde con ojos saltones.
Los seres verdes de ojos saltones, exterminados hace mil años, habían vuelto y habían acabado con la ciudad de Sarnath. Ahora, a orillas del lago, donde estuvo aquella fastuosa ciudad sólo queda una orilla pantanosa, donde toma el sol un lagarto acuático. Y entre los juncos, semienterrado, se encuentra el ídolo de Bokrug.
Bokrug
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