
Hoy he revivido una fiesta en la que hace años no aparezco. Este año podía haber ido, aprovechando que el fin de semana era largo, pero al final opté por quedarme.
Hoy era un día de emociones. Sacas de la caja de latón viejas fotos y sabes que tus hermanos estarán en las primeras filas de la ermita, en el lugar de los cofrades. El mismo lugar donde mi tío se sentaba. De pequeña siempre le preguntaba por qué ese día siempre llevaba un pequeño cirio y por qué solo lo llevaban unos pocos hombres. Obviamente no sabía lo que era una cofradía.
Mi madre se ha emocionado, porque es un día de recuerdos, porque ha visto allí a mis hermanos, y porque antes ese lugar estaba ocupado por otra persona, una persona que ya no volverá a ocupar aquel sitio.
Le he explicado a mi madre mis perspectivas respecto a los recuerdos y al vacío. El hecho de llegar a casa y ver el coche de mi tío en la puerta e inconscientemente pensar: "¡Qué bien! Está el tío", para luego caer en la cruda realidad de que no es él quien está. Y me ha confesado que a ella también le pasa. La razón es simple: aunque nosotros intentemos hacer ver que vamos recuperándonos, que lo aceptamos, inconscientemente no lo hemos asimilado, pues el subconsciente todavía no lo ha asumido. Tiempo al tiempo.
Tomar conciencia de la muerte no es fácil. Jamás había vivido este sentimiento de una manera tan cercana. Es duro, demasiado duro, y solo el tiempo ayuda, aunque no cura, porque ni siquiera el tiempo puede borrar los recuerdos ni los pensamientos.
El 1º de mayo es el día en que una multitudinaria procesión que dura horas trae a la Virgen al pueblo, donde pasará los meses de calor en la parroquia, para luego volver a la ermita a finales de agosto. La danza se alarga durante horas y horas bajo un día radiante (excepto el año pasado que llovió). Hace unos años que no me asomo por el pueblo en este día, quizás el día más especial entre todas las fiestas.
Otro año será...
Hoy era un día de emociones. Sacas de la caja de latón viejas fotos y sabes que tus hermanos estarán en las primeras filas de la ermita, en el lugar de los cofrades. El mismo lugar donde mi tío se sentaba. De pequeña siempre le preguntaba por qué ese día siempre llevaba un pequeño cirio y por qué solo lo llevaban unos pocos hombres. Obviamente no sabía lo que era una cofradía.
Mi madre se ha emocionado, porque es un día de recuerdos, porque ha visto allí a mis hermanos, y porque antes ese lugar estaba ocupado por otra persona, una persona que ya no volverá a ocupar aquel sitio.
Le he explicado a mi madre mis perspectivas respecto a los recuerdos y al vacío. El hecho de llegar a casa y ver el coche de mi tío en la puerta e inconscientemente pensar: "¡Qué bien! Está el tío", para luego caer en la cruda realidad de que no es él quien está. Y me ha confesado que a ella también le pasa. La razón es simple: aunque nosotros intentemos hacer ver que vamos recuperándonos, que lo aceptamos, inconscientemente no lo hemos asimilado, pues el subconsciente todavía no lo ha asumido. Tiempo al tiempo.
Tomar conciencia de la muerte no es fácil. Jamás había vivido este sentimiento de una manera tan cercana. Es duro, demasiado duro, y solo el tiempo ayuda, aunque no cura, porque ni siquiera el tiempo puede borrar los recuerdos ni los pensamientos.
El 1º de mayo es el día en que una multitudinaria procesión que dura horas trae a la Virgen al pueblo, donde pasará los meses de calor en la parroquia, para luego volver a la ermita a finales de agosto. La danza se alarga durante horas y horas bajo un día radiante (excepto el año pasado que llovió). Hace unos años que no me asomo por el pueblo en este día, quizás el día más especial entre todas las fiestas.
Otro año será...
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