viernes, mayo 16, 2008

La nave blanca

Basil Elton es el guardián de la luz de la Punta Norte. Desde allí vigila la costa, tal como hicieron su padre y su abuelo, pero a medida que pasan los años las naves que navegan son cada vez más escasas.
La Nave Blanca se deja ver por allí. Y un hombre de pelo y barba blancos le hace señas para que vaya a la nave. Basil, por fin, decide dejar su tierra natal y subir a la nave.
Con el anciano marino cruzan mares y océanos y tierras desconocidas, en las que Basil le gustaría atracar, pero el marinero se las describe: "Aquélla es la Tierra de Zar, donde moran todos los sueños y los pensamientos hermosos que en algún momento tienen los hombres y luego son olvidados. Quien ose mancillar esa tierra poniendo su pie allí no volverá nunca más a sus tierras natales"; "Aquella es Thalarion, la ciudad de las Mil Maravillas, donde residen todos los misterios que el hombre siempre ha tratado en vano de desentrañar. Entre sus calles viven demonios y seres enloquecidos. Quien ha entrado en la ciudad, jamás ha regresado"; "Aquello es Xura, la tierra de los Placeres Inaccesibles". Esta última se veía como una tierra con bellos paisajes, pero los efluvios pestilentes que transmitía les hizo volver atrás.
Por fin llegan a Sona-Nyl, la tierra de la Imaginación, donde no existe el tiempo ni el espacio, no hay sitio para el sufrimiento ni la muerte. Allí deciden quedarse.
Pero Basil se siente inquieto, necesita conocer Cathuria, la tierra que ningún hombre ha contemplado, la tierra de la esperanza, más allá de los pilares de basalto del Oeste. Finalmente, convence al viejo, que intenta hacerle entrar en razón.
Los pilares están envueltos en brumas y no se ve nada después. La nave naufraga en una catarata y, cuando Basil despierta, se encuentra en su tierra natal. Pero jamás ha vuelto a ver regresar la Nave Blanca y el mar ha dejado de contarle sus secretos.

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