Lo que me gusta de la noche es el silencio. Más me gustaría si ese silencio lo compartiera con un ángel. Estaba pensando en él, quizás por la amalgama de sentimientos de las últimas horas. Y solamente puedo llegar a una conclusión: que le quiero muchísimo. Y esta noche, como domingo, estoy deseando que llegue mañana por la mañana para verle (quizás).
También pensaba en él por otra cosa. Ayer mis amigas estaban hablando de hacer un viaje a Madrid por Semana Santa. Teniendo en cuenta que mi agenda ya tiene mucho movimiento, viajar en Semana Santa, sea donde sea, no es cosa baladí.
25 de marzo, viernes: Cena popular.
15-16 de abril, viernes y sábado: Despedidas en Bilbao.
21 de abril, jueves, a 25 de abril, lunes: ¿Viaje a Madrid?
7 de mayo, sábado: Boda.
15 de mayo, domingo: Viaje a Rusia (en principio sería ese domingo).
4 de junio, sábado: Boda.
4 de julio, lunes, a 8 de julio, viernes: Semana en Burgos.
13 de agosto, sábado: Boda.
Entonces pensaba en él porque me imagino marcharme con él esos cinco días. Soy consciente de que no podría ser, pero es inevitable que lo piense, quizás porque necesitaría estar unos días con él en un lugar que no sea lo inmediato y conocido, lejos de la gente que nos rodea habitualmente. Es decir, me gustaría tenerle unos días sólo para mí. Semana Santa sería una buena época porque son los días justos, ni muchos ni pocos. Los suficientes para enamorarse de una persona o para que ocurra todo lo contrario.
Sigo pensando que lo mejor de la noche es el silencio. Aquí no pasa un coche, ni hay un alma por la calle. Las luces anaranjadas de las farolas y la luna entre brumas ayudan a dar a las calles un aspecto un poco fantasmal (aunque yo lo ambientaría con un poco de niebla).
Es un buen momento para ir a dormir, para soñar con un ángel, para abrazar la almohada y para volver a cargar las ilusiones.
He estado mirando certámenes literarios. En dos años los premios se han convertido en raquíticos (se nota también aquí la crisis), incluso el número. De todas formas, si estuviera en mi mano, le escribiría a un ángel una historia diferente cada noche. A veces siento que tengo tanto que contarle... Aunque si lo hiciera, es posible que no llegara a sus manos nunca. Quizás lo haga, el año pasado lo hacía. Escribir a mano siempre me reconforta.
También he estado mirando cómo registrar algo en el Registro de la Propiedad Intelectual sin tener que desplazarme a Logroño, esto es, vía internet. Parece que aún no es posible hacerlo. Aunque no lo entiendo, que estamos en una época donde ya casi todo se digitaliza. Y si es por la hora, en el momento en que se enviara la solicitud ya quedaría plasmada.
En fin, creo que puedo dejarlo para mañana.
Esto es lo que hace el silencio de la noche. El mismo silencio que ahora me abraza y me insta a ir a dormir. Le imagino durmiendo, me imagino abrazándole.
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