La calle sigue teniendo los mismos colores que ayer, los mismos aromas de hace dos días, los mismos vehículos de las últimas semanas y llegan los mismos pensamientos de los últimos meses. Le dibujaría en el cristal una y mil margaritas si hiciera falta, sólo para hacerle llegar mi mensaje silencioso, para hacerle saber que todo va bien. Miro al espejo retrovisor y sonrío al reconocer la matrícula, aunque esté al revés. Y saber que está tan cerca me hace sentir bien. Porque el corazón vuelve a latir con fuerza, con esa fuerza que me da él cada día, aunque no le vea, aunque sólo me acuerde de sus recuerdos.
Cuando sé que está tan cerca, siento deseos de decirle que vayamos a dar una vuelta, me apetece robarle momentos, anhelo cogerle la mano, mirarle a los ojos y escuchar su voz, deseo verle sonreír. Estoy segura de que hoy está guapo, de que su sonrisa es radiante y de que sus ojos concentran lo mejor del mundo. Porque le vea o no le vea sigue siendo un ángel.
No hay comentarios:
Publicar un comentario