El instante en que me he cruzado con él esta mañana ha sido mágico. Cuando he mirado el reloj, he volado, buscando encontrarme con él, buscando su mirada perfecta, dulce, angelical. Es como si necesitara ese instante de él. Como si necesitara la savia que me brindan esos dos minutos diarios. Que eran muchas jornadas sin verle. Y estaba guapísimo. Le miraba, ya desde lejos, y pensaba en lo que me gustaría acariciarle el rostro.
Ese instante es único, mágico, perfecto.
Tengo una diminuta sonmolencia, que ahora empieza a hacerse notar, pese al café.
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