Cuando las fuerzas de la naturaleza vienen embrutecidas, los humanos nos convertimos en pequeñas hormiguitas luchando por la supervivencia. Somos demasiado diminutos para luchar contra fuerzas que nos vienen grandes.
Navegué por el mar de Japón, por ese mar tranquilo que se levantó brutalmente hace dos días. El mar de la paz, el mar de la tranquilidad, que reposa calma tal y como pregonan las enseñanzas sintoístas.
En el sur de la isla de Honshu se encuentra Hiroshima. Y la isla sagrada de Miyajima se encuentra a unas pocas millas al sur de Hiroshima.
La ciudad que se ve en la imagen es Hiroshima. Y detrás de esas montañas, mucho más al norte, se encuentra todo aquello que hoy es noticia. Sin embargo, es el mismo mar por el que un día yo navegué.
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