La verdad es que este año me estoy tomando todo con más calma. En realidad, Rusia no es un sueño de tal intensidad como era visitar Japón. Sí me atrae, pero no tanto como el viaje del año pasado.
También me gustaría ir con un ángel. Aunque sé que si tuviera irme con él a un sitio, no me importaría que ese lugar estuviera a la vuelta de la esquina. De todas formas, sé que me lo llevaré conmigo, en el corazón posiblemente, y sé que me acordaré de él cada día, al descubrir todo aquello que me gustaría compartir con él, pero también cada noche, al ponerme a describir todo lo que han visto mis ojos.
No es sólo aquello que está por venir. Es que con él me gustaría compartir también otras muchas cosas. Los viajes que hice en el pasado, la gente que conocí en cada lugar, las huellas que quedaron en mí. De la misma forma que yo misma adoro los momentos en que él me cuenta algo que ocurrió, que vivió, que experimentó en una época en que aún nuestros caminos no se habían cruzado. De hecho, escucharle hablar mientras recuerda un momento de su pasado es sublime, quizás porque sus descripciones son magníficas.
Es un grato momento para ir a dormir, para soñar con él.
"Es vuestra vida, y nadie va a enseñaros, ningún libro, ningún gurú. Tenéis que aprender de vosotros mismos, no de los libros. Es un asunto sin fin, es un asunto fascinante, y cuando aprendéis sobre vosotros mismos de vosotros mismos, de ese aprendizaje nace el conocimiento". (J. Krishnamurti)
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