Cuando miro al cielo y veo tantas estrellas, me pregunto dónde está él.
A veces echo de menos mirarle a los ojos y ver todo lo bueno que veo en ellos.
Lo mejor de los domingos es que quizás mañana le vea, o el martes, o los días que vengan.
Nunca me han gustado los domingos. Nunca creo que me lleguen a gustar ni siquiera un poco. A no ser que alguien traiga la magia y sólo conozco a una persona que puede hacer ese tipo de magia.
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