En febrero de este año aparece en las librerías El ángel perdido, de Javier Sierra. Todos los medios de comunicación se hacen eco de la noticia, mostrando a un autor sereno que posa junto a la catedral de Santiago de Compostela. Quince días después, esa novela llega a mis manos, de un día que la vi en el escaparate de la única librería que hay en Ezcaray.
¿Qué significa para mí este autor? ¿Por qué existen escritores que nunca nos podremos perder? No me he leído todo de él, pero es cierto que su prosa me encandila. Hoy en día, estoy leyendo El ángel perdido y me tiene enganchada.
Hace unos años, también llegaría a mis manos La ruta prohibida y otros enigmas de la Historia, con varias historias reales embarcadas en un mundo de misterio. Reconozco que me recordó mucho a la forma de describir el misterio de Iker Jiménez.
La primera vez que entré en contacto con Javier Sierra fue con el libro La cena secreta, que se publicó en 2004. Era un libro atípico, que había ganado algún premio literario en alguna ciudad del sur. Había oído hablar del autor como célebre periodista, pero desconocía su estilo como novelista. Lo que me llamó la atención es que en su portada se exhibía un fragmento de La última cena de Leonardo da Vinci, a quien considero un genio admirable en numerosos ámbitos artísticos y científicos (y no sólo en los más variopintos estilos pictóricos).
Lo que hacía Javier Sierra en aquella novela era poner sobre la mesa diversos aspectos de la obra de Leonardo da Vinci que no son como parecen. Parece obvio para muchos expertos de arte que en La última cena aparece una mujer. Los rasgos suaves de su rostro y manos así lo confirman. Y esto ha sido objeto de debates interminables. Yo creo que sí que es una mujer.
En cuanto a los Apóstoles que se encuentran en el extremo derecho de la mesa, parecen ser los retratos de Platón y del propio Leonardo da Vinci. Se muestran lejanos a lo que está ocurriendo en la mesa, y si en realidad el hombre de la barba cana es un autorretrato, Leonardo hubiera plasmado en su lienzo su preferencia por la filosofía antes que por la religión. Muchos en su tiempo ya lo consideraban un hereje.
Recuerdo perfectamente que Javier Sierra hablaba de la posición de los personajes, como si estuvieran dándonos un mensaje. Aparte de que estén agrupados de tres en tres (número sagrado), debo hacer una mención especial respecto a la posición de Jesucristo y la supuesta mujer de la obra (se cree que podría tratarse de María Magdalena), separados en una especie de "uve", símbolo de la fertilidad. Justamente entre estos dos personajes. De hecho, la obra de Da Vinci está llena de símbolos relativos a la fertilidad.
Esta obra está cargada de elementos simbólicos que merecen una observación exhaustiva mucho más detenida. De momento, me conformo con mirarla unos minutos más.


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