miércoles, marzo 30, 2011

Las nueve...


Debo irme. Sabía que me iban a dar las nueve. Me gustaría volver a hablar con él, aunque sólo fuera para decirle que duerma bien, pero sobre todo para escuchar su voz, para conducir e ir saboreando en la memoria el sonido de su voz. Que de todas formas seguiré pensando en él cuando ahora coja el coche y vaya a casa.

Es hora de marchar.

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