Debo irme. Sabía que me iban a dar las nueve. Me gustaría volver a hablar con él, aunque sólo fuera para decirle que duerma bien, pero sobre todo para escuchar su voz, para conducir e ir saboreando en la memoria el sonido de su voz. Que de todas formas seguiré pensando en él cuando ahora coja el coche y vaya a casa.
Es hora de marchar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario