Lo mejor de la tarde es comenzarla con buen pie. Eso significa hacer algo que esté relacionado con un ángel. Sabía que podía hacer una llamada y también que me podía pasar a verle. He optado por la llamada, teniendo en cuenta que podía tener la magnífica suerte de que su voz sonara al otro lado o no. Algo dentro de mí repetía incansable: "Que coja él, que coja él". Y él ha respondido al otro lado.
Adoro su voz. Me pasaría horas escuchándole. Le he dicho que me voy a Nueva Zelanda al final, necesitaba decírselo. Too far. Sí, está demasiado lejos, pero cuenta con el exotismo, zonas inexploradas y maoríes bailando junto a la playa. En cuanto me envíen los circuitos y elija será cosa hecha. Acabo de comprar por internet la guía de Nueva Zelanda (Visual de El País Aguilar, como siempre) y un cuaderno para describir(le) todo el viaje. El visado se hace por internet, aunque no lo vaya a hacer yo, pero será más rápido que hacer el visado a Rusia (que iré en el próximo gran viaje o en los años venideros, pero no este año).
La cuestión es que esta tarde es mágica. Mágica porque a primera hora de la tarde he sabido por él que está bien y además he escuchado su voz. Esa voz tan dulce, que aún sigue resonando en mis oídos. Seguro que está guapo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario