Hace un rato que debería estar durmiendo y, sin embargo, estoy observando a través de la ventana la tranquila y agradable noche de hoy. Y pienso en él, en su dulzura, en su sonrisa, en su sabiduría, en su mirada...
¡Quién fuera aire, intangible e invisible, para besarle en las mejillas a todas horas! Para rozarle con las yemas del viento cuando esté soñando, para acariciarle a cada instante y para quedarme prendida en su mirada.
Cada noche, cuando me tapo con las sábanas, imagino que le abrazo y esa imagen de ternura me sumerge en unos sueños espléndidos.
Mañana es viernes.
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