Entonces ha aparecido él. Guapísimo, dulce, con esa mirada angelical, con esa voz tan sensual... De repente he visto que pasaba de largo, que seguía caminando. En mi mente iba pensando en algo que decirle, entonces he escuchado su voz, el sonido suave de las notas mágicas convertidas en palabras. Ha seguido caminando y mis ojos han ido tras él, deseando abrazarle, acariciarle, mirarle y escucharle. Que se pare el tiempo.
Aún sigo escuchando su voz y siento que me tiemblan los sentidos.
El domingo pensaba en una semana sin él. No puedo y, aunque pudiera, el azar nos cruzaría en la calle en el momento menos pensado. Y estaba tan guapo, echaba tanto de menos ese instante en que sus ojos miran el mundo con tanta nobleza, con tanta delicadeza, con tanta bondad.
Me tengo que ir.
No hay comentarios:
Publicar un comentario