A lo largo de los años conocemos una infinidad de gente. Hay quienes pasan y, al cabo del tiempo, apenas tenemos un recuerdo diluido de esa persona; otros nos dejan su huella impresa e imborrable; hay quienes nos llenan; están aquellos a quienes hemos amado y aquellos otros que nos han hecho llorar... Algunas de estas personas aún siguen junto a nosotros, están los que no volveremos a ver...
¿Qué ocurre cuando aparece la persona a la que siempre has estado buscando? Hace ya muchos años que estaba buscándole, incluso cuando todavía no sabía que existía alguien como él. De repente un día conocí a un ángel que hace que todo lo que me rodea sea perfecto, alguien con quien desearía compartir todo, alguien a quien miro en los ojos y confío plenamente en él, alguien que me hace sonreír, alguien con quien me siento a gusto, en cuya presencia o bien se para el tiempo o los minutos se pasan volando, alguien que me brinda una felicidad plena...
Porque yo nunca había sido tan feliz que como lo estoy siendo ahora... desde... desde que le conocí a él.
Con tan sólo su presencia, aparecen unas sensaciones indescriptibles. Es la emoción del momento. Es el deseo de besarle, de tocarle, de perderme en su mirada perfecta.
Recuerdo una vez que un amigo me dijo que me admiraba. Su admiración provenía de que veía en mí una seguridad innata, que tenía las ideas claras, que sabía lo que quería y lo que no.
Quizás tenía razón. En que sé lo que quiero.
Descubrí que había encontrado a la persona que siempre había estado buscando porque él me aporta lo que nunca antes me había dado nadie. Porque siento algo tan intenso como nunca había sentido con anterioridad. Porque me hace sonreír y me brinda trocitos de felicidad a diario. Por el deseo de compartir todo con él. Porque lo daría todo por esa persona.
Eso no quiere decir que se acabe mi búsqueda. Aunque ahora la búsqueda es de índole diferente. Ahora estoy buscando que no se pierda la magia, que no desaparezcan las ilusiones, que siga soñando cada noche. La diferencia estriba en que ahora en mis sueños siempre aparece él, en que en cada cosa que hago, por rutinaria que sea, me lo imagino también a él, en que en cada duda que tengo me pregunto qué haría él...
Y no quiero perder esa magia. Como un fotógrafo, intento plasmar esas impresiones por escrito, para releer cuando esté triste o cuando los días sean grises, porque en cada instante de él, que siempre es único, consigo sonreír. Es una manera de evocar todo aquello que me hace sentir bien.
No me conformo sólo con esto, pero tendrá que ser así. No quiero que se rompa la magia. Quiero seguir amándole, seguir anhelando su mirada, seguir añorando su sonrisa. Y quiero seguir coleccionando momentos de él.
He encontrado la persona a la que había estado buscando durante toda mi vida y con eso no se acaba mi búsqueda, porque sigo soñando, sigo ilusionándome, sigo imaginando, sigo creyendo en las personas, sigo sonriendo, sigo escribiendo.
Y puede que mañana a las doce las manecillas del reloj sigan impasibles marcando la misma hora de siempre, pero en caso de cruzarme con él ese instante sería nuevamente especial. Aunque quien dice mañana dice pasado mañana, porque es miércoles y las probabilidades de encontrarme con él son menores que el resto de la semana.
Es un ángel. Nunca antes había conocido a un ángel...
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