Las semanas pasan rápidamente, pero también los meses pasan raudamente. Sin apenas darme cuenta llego al último día de marzo. Podría enumerar uno a uno mis pensamientos en estos precisos momentos, pero no conseguiría acercarme a la descripción de la amalgama de sentimientos que rezuman todos los poros de mi piel.
Estaba recordando de que esta tarde me temblaba la voz. En ese instante concreto era consciente, intentaba controlar ese tembleque sin éxito y pensaba que no me importaba que la otra persona se diera cuenta del temblor. Está claro que hay un motivo para que ocurra eso. Me pregunto si él se habrá dado cuenta...
Tenía tantas cosas que decirle... Que preguntarle... Que susurrarle... A veces debería darle las Gracias por hacerme sonreír cada día.
Termina marzo y abril llegará cargado de muchas cosas. Tengo algo de sueño y un libro a punto de terminar.
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