martes, marzo 29, 2011

El círculo perfecto


"Amar es la única riqueza que crece con la prodigalidad. Cuanto más se ofrece, más queda". (Romain Gary)

Es cierto que cuando amamos damos mucho de nosotros, sin tener en cuenta lo que recibamos a cambio. Amamos y nos convertimos en seres magnánimos respecto a la persona amada. Lo cierto es que esa persona a mí particularmente me aporta mucho cada día, me brinda pequeños trocitos de felicidad, me hace sonreír. Y esos instantes son intercambiables, porque nadie más que él consigue ese eco de emociones intensas que se sublevan dentro de mí.
Amamos y queremos que nunca se cierre el círculo de sensaciones que llegan con la otra persona. Queremos más y más. Y no permitimos que nadie tenga acceso a esa belleza que brinda el amor. Tememos que se pueda vulnerar o marchitar, aunque en el fondo sabemos que eso no puede ocurrir, porque es el propio corazón el que riega cada día las emociones brindadas por la persona amada.

Siempre he pensado que todo lo que se empieza hemos de terminarlo, de una manera u otra. No me gustan las cosas que quedan con cabos sueltos, a medio cerrar. Quizás por eso soy tan perfeccionista. Ahora siento que me encuentro en medio de un círculo y desconozco la dirección que he de tomar. Tampoco es algo que me preocupe, porque en el centro de ese huracán ardoroso hay sentimientos profundos que jamás antes había tenido. Veo su imagen perfecta y comprendo cuánto le quiero.

Ahora que me voy a dormir, imagino que me arropo bajo las sábanas y le abrazo, cubriéndole la espalda de besos anhelantes, susurrándole palabras cargadas de ternura y cariño.

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