Esta mañana venía escuchando la radio. Y han dicho algo que se me ha grabado: que mañana la Luna estará muy cerca de la Tierra y que podremos ver su piel rugosa (esto es de invención propia, realmente decían que se podrían distinguir sus cráteres). Hace 18 años que la Luna no está tan cerca de la Tierra. Y esto nos influye.
Al abrir el blog a las ocho, me he fijado en que los títulos de las dos entradas escritas anoche y, sin haberme dado cuenta, contienen la palabra "luna".
Si en las próximas horas hay una catástrofe, será cosa de la cercanía de la Luna. Esto también lo decían en la radio, aunque yo no me lo creo. Es posible que las etapas lunares puedan afectar algo nuestro estado de ánimo.
Sinceramente, a mí la luna me hace pensar en que mañana le daría un beso a un ángel con la luna como espectadora silenciosa, más cercana, sí, pero bien lejos. Sería una imagen perfecta.
Hoy no le he visto. Seguro que está guapísimo. Y hace una tarde tan espléndida que me iría a caminar con él. Lo cierto es que estoy pensando en un lugar concreto, pues me gustaría sentarme a orillas del río Oja, que nunca he estado en el río en lo que toca a este pueblo, remangarnos los pantalones y dejar los pies a remojo, pese a que las piedras no son lo más cómodo para sentarse, pero ¿qué importa si él hace que me olvide de todo lo que me hace sentir mal, qué importa lo demás si él está al lado?
Es hora de marchar.
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