jueves, marzo 24, 2011

Los pálpitos secretos


Hay días en que el sentimiento es mucho más fuerte, incluso aunque en las horas previas no le haya visto. Cuando me iba, su coche seguía en el mismo lugar que a las cuatro de la tarde. He mirado hacia el otro lado de la calle, he achinado los ojos para ver mejor, buscándole entre el barullo de ruidos y silencios de la noche, entre los claroscuros reflejados por las farolas en el suelo.
“Si me acerco a su coche, seguro que aparece”. Me he imaginado la situación y me ha entrado la risa.
Venía conduciendo, miraba al cielo estrellado y pensaba en él. Me lo imaginaba delante del monitor y soñaba que me acercaba descalza a él y le brindaba tiernos masajes en la espalda, imaginaba que le susurraba que lo dejara ya, que nos fuéramos (puntos suspensivos).
Hoy el deseo de él es muy fuerte, quizás porque al no verle tengo que recurrir a los magníficos recuerdos que tengo de él.

La vida es una comedia para aquellos que piensan, una tragedia para aquellos que sienten.

No hay comentarios: