viernes, marzo 18, 2011

Donde nadie te encuentre


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El Premio Nadal de este año nos acerca a un personaje que en Cataluña fue muy célebre durante el franquismo. Se trata de Teresa Pla Meseguer. Pero para hablar de Teresa hay que explicar ciertos aspectos que la convirtieron en lo que fue, que fueron moldeando su personalidad en la que influyeron los rumores de la zona rural franquista en la que se movió mientras estuvo libre.
En una familia muy pobre de la zona rural catalana, nace un bebé de dudoso sexo. Como los padres vieron que su vástago iba a tener problemas y no tenían dinero que entregar a un médico que les sacara del error e hiciera pruebas al bebé, decidieron que había de ser mujer. Bautizada Teresa, la 'niña' creció entre las burlas del resto de niños del pueblo y de sus dos hermanas mayores. Mientras tanto 'ella' iba creciendo y su musculatura se incrementaba, de tal forma que llegó un momento en que golpeaba a todo aquel que quisiera burlarse de ella, por lo que empezó a sembrar el pánico entre la gente, que terminó por temerla. Teresa fue enviada a un mas catalán para cuidar de los rebaños y se convierte en un ser solitario. Durante todos aquellos años, aprendió a conocer los montes, las veredas y los atajos. En la época de los maquis, a los que ella había visto alguna vez. Sabe que son buscados por la Guardia Civil y ante la humillación de un teniente para que le enseñe los genitales, Teresa se une a los maquis. Es entonces cuando decide lo que quiere ser: se vuelve hombre, lo que siempre había sentido, y se bautiza a sí misma como Florencio, Durruti de nombre de guerra. Los maquis le enseñan a leer, pero el movimiento que en principio fuera apoyado por los masoveros catalanes, terminará por desaparecer, desintegrarse y cayendo en el olvido. Durruti, conocido como La Pastora entre el pueblo, y Francisco desertan del movimiento maqui para ir por su cuenta. Durante años viven en una cueva en el monte, y por impulso de Francisco, a veces atacan algunas masías. Sus nombres se hacen populares entre los masoveros, que ya no les apoyan porque se sienten amenazados. Cuando muere Francisco, La Pastora se queda sola. De Cataluña pasa a Andorra, donde es traicionado y desterrado a España, donde irá a la cárcel. Los médicos certifican que en realidad tiene un aparato genital masculino, aunque deforme, y por tanto es hombre. Un guardia de la cárcel de Valencia, Mariano, se convierte en su protector cuando La Pastora le cuenta su historia. Realmente nunca ha matado a nadie, aunque haya participado en esas acciones maquis y se le consideraba una bandolera terrible.
Hago un inciso para comentar lo que costó reconocer a La Pastora cuando la hicieron presa. La única foto que la Guardia Civil tenía de ella era la de una mujer con aspecto hombruno, y lo que no esperaban era encontrarse con un hombre. De hecho, la primera cárcel en la que estuvo era de mujeres y no de hombres.


La historia del libro narra las peripecias de dos hombres que en el año 1956 se echan al monte en busca de La Pastora. Estos dos hombres no se conocen de nada y son antagónicos en carácter. Lucien Nourissier es un psiquiatra francés que se interesa por la personalidad de la bandolera al leer un artículo escrito por Carlos Infante, un periodista catalán, cuyo rasgo de carácter más importante es su cinismo. Lucien paga a Carlos para que le acompañe y los dos hombres se van a la zona donde nació y vivió La Pastora. Saben que la Guardia Civil les sigue los pasos, ya que en la época de Franco intentar hablar con un personaje que era enemigo público tenía prisión. Pero también les dejaban hacer, ya que a quien más interesaba encontrar a La Pastora es a los guardias.
Sin embargo, en un país de traiciones, un país orgulloso y donde la gente tiene miedo, nadie se atreve a abrir la boca por miedo a las represalias.
A punto de caer en las garras de la Guardia Civil, un muchacho que les había estado siguiendo les lleva hasta La Pastora, que les contará su historia.
Lo más desgarrador de la historia, lo inesperado, y lo que la convierte en una obra maestra, es el momento en que Carlos Infante confiesa que él también es un traidor. Lo confiesa porque es consciente de que ha llegado a apreciar al médico francés, al que le ha terminado uniendo una estrecha amistad que se ha consolidado a lo largo de tres meses.

"... Que el destino de todas las personas acaba por cumplirse inexorablemente, aunque nunca sepamos en qué consiste ni dónde nos aguarda".

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