jueves, marzo 31, 2011

Dos horas antes


Hace dos horas me apetecía caminar bajo el sol, me imaginaba paseando hacia la ermita, entre parajes intensamente verdes. Y, como todo, me imaginaba junto a un ángel, porque no hay cosa que quiera hacer donde no aparezca él. Es hermoso eso de imaginarse algo siempre con una persona.
Después me he liado. El resultado ha sido que son las ocho y se ha ido el sol. Adiós paseo, adiós naturaleza, adiós ermita. Por lo menos esta tarde lo único que me apetece es descansar y destripar el libro que me terminé anoche.
Hace dos horas pensaba en él. En sus ojos, en su rostro, en sus manos. En lo que me apetecería a veces acercarme un poco más a él... Ahora también pienso en él. Quizás me vaya y esté su coche, quizás le dibuje margaritas en el cristal, quizás me cruce con él. Quizás... Lo que sí es seguro es que pensaré en él ahora, en los minutos que me acercan a casa. En lo guapo que estaba. En la dulzura que emana de él. En la excusa que podía haber inventado sólo para volver a escuchar su voz hoy también...

Me voy a casa.

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