jueves, marzo 24, 2011

En medio de los silbidos del viento


Fuera, el aire suena incansable. Dentro, siento el aire caldeado de la habitación, el silencio de la noche, casi en el umbral que me llevará a los sueños. Adoro este momento de tranquilidad, aunque sea ya algo más tarde de lo habitual. Con el sabor del flúor entre los labios y el pijama ya puesto, dedico los últimos minutos del día a él.
Me pregunto si estará ya durmiendo o no, si escuchará el viento tras su ventana, qué tal habrá pasado el día. Me pregunto qué habrá hecho y con quién habrá estado. El viento no me va a traer las respuestas. Seguro que todo le ha ido bien, porque a un ángel todo le debería que salir bien, al menos ese es mi deseo, que todo le salga bien.
Pienso en él porque me reconforta hacerlo siempre antes de dormir, porque sé que es el primer paso para soñar con él, cuando aún sólo sueño con los ojos abiertos. Volveré a abrazar la almohada esta noche y susurraré su nombre para que lo atrape el aire y se lo lleve el viento.

Se me caen los ojos de sueño.

Paulo Coelho escribió una vez: "Es justamente la posibilidad de realizar un sueño lo que hace que la vida sea interesante". Tienen fuerza esas palabras, son optimistas, por eso las he escogido para antes de dormir.

Y mi sueño... ¿se cumplirá un día? Quizás debería escribirlo en mayúsculas, porque es un sueño en mayúsculas. Lo que está claro es que no sólo todo lo que me rodea es interesante, sino que está cargado de una enorme belleza, de una magia celestial, de una alegría constante, de... amor infinito, indescriptible, sublime. Y todas estas sensaciones son extraordinarias.

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