sábado, enero 01, 2011

El tiempo entre costuras


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Se trata de uno de los libros más leídos (y vendidos) en 2009 y 2010. La fama del libro es merecida, sin duda alguna. Me ha llevado diez días exactos leer esta novela que engancha desde los primeros párrafos. Por el camino he coincidido con mucha gente que o bien se la estaba leyendo o bien se la había leído ya. Me ha encantado, como no podía ser de otra forma. Ya había leído reseñas literarias, críticas en otros blogs, había escuchado algunos comentarios del libro. Entonces llega el día en que llego a la página final. Ese día es hoy. Creo que volvería a empezarlo y volvería a leérmelo.

El estilo de la autora es magnífico, exquisito. Algo tenía que tener para ser capaz de enganchar al lector desde las primeras páginas. Reconozco que no me gustó cómo empezó, ya que los primeros quince años de la vida de la protagonista pasan volando ante nuestros ojos, para centrarse en la verdadera historia, lo que de verdad interesa.

Es novela histórica por cuanto describe la situación política de la España de la IIª República, las circunstancias en el Protectorado español de Marruecos, una guerra civil que se ve desde lejos y una guerra mundial que se descubre entre las bambalinas del espionaje.

Rosalinda Fox
También es importante destacar ciertas figuras históricas de la vida española en los años 30: Juan Luis Beigbeder, el Alto Comisionado del Protectorado español de Marruecos, que luego sería nombrado Ministro de Asuntos Exteriores; Ramón Serrano Suñer, el “cuñadísimo”, mano derecha de Franco (además de estar casado con Zita Polo, hermana de la esposa de Franco) y el confidente más poderoso del Caudillo en los años posteriores a la guerra; Rosalinda Fox, inglesa amante de Beigbeder; Allan Hillgarth, cónsul inglés en España y jefe del espionaje británico en el franquismo durante la guerra civil española y la consiguiente posguerra.

El tiempo entre costuras cuenta la historia de una costurera, como bien deja entrever el título. Sira Quiroga es hija de madre soltera, madrileña, que en plena adolescencia entra como aprendiz de costurera en el taller de alta costura de Doña Manuela, el mismo taller donde su madre se ha convertido en una de las mejores costureras de Madrid. Sira parece tener la misma habilidad para coser que su progenitora. Conoce al joven Ignacio, aspirante de funcionario, con el que está a punto de casarse.
Su vida podía haber sido tranquila, de no haberse cruzado otra persona en su camino, la persona que cambiará el rumbo de su vida para siempre, la persona que la alejará del Madrid republicano que desembocará en una guerra sangrienta que Sira no ha de vivir en sus carnes.
Cuando Ignacio la convence para aprender mecanografía y le compra una máquina de escribir, ella conoce al encargado de Olivetti, Ramiro Arribas. Hay tanta atracción entre los dos, que Sira toma la decisión que cambiará el rumbo de su vida: no casarse con Ignacio y huir a Marruecos con su amante. Pero antes de marchar, su vida da otro giro, cuando su madre la conduce a una mansión a presentarle a Gonzalo Alvarado, su padre. Dolores y Gonzalo tuvieron un romance y fruto del mismo nació Sira, pero Gonzalo era un hombre adinerado que fue obligado a casarse con una mujer rica. Gonzalo cree que en España se está cociendo algo gordo, por lo que le da a su hija dinero y joyas y le aconseja que se marche a Tetuán, donde estará a salvo. Él cree que le van a asesinar y, antes, quería conocer a su hija.
Sira y Ramiro atracan en Tánger y se alojan en el Hotel Continental. Una mañana, ella se despierta y descubre que Ramiro la ha abandonado, llevándose su dinero y sus joyas. Le deja con el vacío, con una descomunal deuda en el hotel y con un bebé en las entrañas. Despojada de todo, en su tristeza, consigue escapar del hotel y llegar a Tetuán, donde la espera el comisario Vázquez. Sira se despierta en un hospital, donde ha abortado, con su tristeza y sus ganas de nada. El comisario le explica que su situación no es buena: le dice que está en deuda con el hotel y que le han dado el plazo de un año para saldarla, le dice que su medio hermano ha puesto una denuncia desde Madrid por haberse llevado las joyas familiares de los Alvarado, aunque el comisario le dice que han registrado sus pertenencias y han encontrado la documentación de propiedad de las joyas. No se podrá librar de la deuda del hotel. El comisario la lleva a una pensión, donde Candelaria intentará cuidar de ella, intenta buscarla un trabajo digno, hasta el día en que descubre que sabe coser.
Candelaria es otra de esas personas que influyen en la vida de Sira. No tienen nada y van a tenerlo todo, pero antes de poder llegar a algo, tendrán que dedicarse a asuntos turbios como el contrabando de armas. Las dos mujeres se convierten en socias, al conseguir el dinero necesario para montar un local de alta costura, en donde Sira recibirá a las mujeres extranjeras, que siguen acudiendo a las fiestas y necesitan ropa elegante. Poco a poco, la economía de las dos mujeres va aumentando hasta vivir acomodadamente. Sira conoce a Rosalinda Fox, la consorte del máximo poder del Protectorado, Juan Luis Beigbeder, y se convertirán en grandes amigas. Pocas semanas antes de saldar la deuda en el Continental, Sira se entera de que están sacando a gente de España. Ven la guerra desde lejos. Sira no sabe cómo se encuentra su madre, ni siquiera sabe si aún está viva. Gracias a la ayuda de Rosalinda, darán con los contactos necesarios para que Dolores salga de España y llegue a Tetuán. El contacto es un periodista inglés, Marcus Logan, que llegará a Tetuán y se enamorará de Sira, pero ella, aún con el corazón roto por la ausencia de Ramiro, no quiere embarcarse en ninguna relación.
Cuando termina la guerra y Beigbeder es nombrado Ministro de Asuntos Exteriores, Rosalinda le pide a Sira que les ayude en el espionaje haciendo vestidos en Madrid para las mujeres de los nazis y para las españolas cercanas al poder. Sira vuelve a Madrid con una nueva identidad y se hace un nombre entre la alta costura, sobre todo porque es una de las pocas modistas que llega con telas, que en la posguerra es algo difícil de conseguir. Sus patrones son entregados en forma de código morse al revés, por el parecido de éste a las puntadas de la aguja. Se convierte en una gran espía, sobre todo cuando tenga que ir a Lisboa a hacer una misión escabrosa. Allí tiene que ponerse en contacto con Manuel da Silva, un comerciante que había sido amigo de los ingleses y que éstos creen que les está traicionando. Sira descubre que el comerciante portugués está comerciando con los alemanes y está mediando con los mineros de wolframio de su país. Pero Da Silva tiene intenciones de asesinar a Sira cuando ésta coge el tren. En Lisboa había vuelto a coincidir con Marcus Logan, que la sacará del tren y la llevará hasta Madrid. Sira descubre que Logan pertenece al servicio secreto británico. Es hora de tomar las riendas de su vida y decidir por sí misma. En casa de su padre, reúne a Logan, Gonzalo Alvarado, Alan Hillgarth y su esposa, porque ha decidido rehacer su vida con Marcus.

Algunos asuntos del libro que me han llamado la atención merecen una consideración especial. La curiosidad radica en preguntarse cómo era la España de la época, pero sobre todo cómo era la vida en el Protectorado español de Marruecos.

El vestido Delphos, de Fortuny
Otro aspecto que aparece en la novela y que tuve que mirar en internet es el vestido Delphos, diseñado por Mariano Fortuny Madrazo (1871-1949). Pintor, diseñador, fotógrafo y escenógrafo que creó un mítico vestido inspirado en los ropajes de la Grecia clásica.


Mapa del Protectorado Español en Marruecos
La presencia española en el norte de África se extendió durante 44 años, desde 1912 hasta 1956, cuando Marruecos obtuvo su independencia. El régimen administrativo del Protectorado mantenía una dualidad formal de autoridades: la administración marroquí, al frente de la cual se encontraba el jalifa, que ejercía por delegación del sultán, y la española, a cargo del correspondiente alto comisario. Con excepción de los años de la IIª Guerra Mundial, Tánger se mantuvo siempre como una ciudad independiente administrativamente, con su propio estatuto al margen del Protectorado.

LOS ESCENARIOS DE LA NOVELA

El Hotel Continental (en la parte superior de la imagen, sobre la antigua Aduana). En él se instalaron Sira Quiroga y Ramiro Arribas cuando llegaron a Tánger. De allí se tuvo que marchar ella precipitadamente cuando las cosas cambiaron de rumbo. Por desgracia para Sira, el vínculo con el hotel permaneció férreo durante algún tiempo.
Hoy en día se conserva prácticamente intacto.


La antigua Avenida de España en Tánger, bordeando la bahía frente al Estrecho. En la época de la novela (finales de los años 30 y principios de los años 40), Tánger era una ciudad vibrante y cosmopolita, repleta de gentes de un sinfín de procedencias y negocios, consulados, hoteles, bancos y espectáculos internacionales.


El entonces flamante Boulevard Pasteur de Tánger, que Sira recorrerá tantas veces.


La Legación Americana en Tánger, un hermoso palacete en la medina, donde Hillgarth se reunió por primera vez con Sira para adiestrarla en los asuntos del espionaje internacional. Aún en nuestros días existe este edificio, conservado como museo y centro de estudios. En la planta baja cuenta con una zona dedicada al escritor Paul Bowles.


Patio del Hotel El Minzah de Tánger. Aún existe y mantiene el mismo encanto que cuando Sira y Rosalinda lo frecuentaban.


Cartel de Mariano Bertuchi, el gran pintor del Protectorado. Sus cuadros, sellos, carteles y afiches promocionales, llenos de luz y de vida, rememoran estampas cotidianas de la primera mitad del siglo XX y se han convertido en nostálgicos iconos gráficos de la presencia española en Marruecos.
En la novela aparecen varias referencias a Bertuchi y sus obras, y a la escuela que fundó, a la que Sira acude en busca de ayuda en sus primeros tiempos en Tetuán.


Calle Generalísimo (anteriormente calle Alfonso XIII y calle República; en la actualidad, calle de Mohamed V). Era la arteria principal de la zona española en la capital del Protectorado, siempre llena de actuvidad y movimiento. Por ella transita Sira a diario en sus idas y venidas por Tetuán.


Plaza de España en Tetuán, mencionada en la novela en numerosas ocasiones. Al fondo se ve el Palacio del Jalifa. El edificio que se contempla a la derecha de la imagen, franqueado por un gran arco blanco, es la Alta Comisaría. Es el escenario de una de las aventuras de Sira.
Toda la zona fue demolida hace algunos años y convertida en una gran explanada que se extiende frente a lo que en la actualidad es uno de los palacios del rey de Marruecos.


La hermosa medina de Tetuán, otra referencia constante en la trama. Llena de callejuelas, zocos y rincones con mucho encanto, abierta al mundo por siete puertas. Ha sido declarada Patrimonio de la Humanidad.


Calle de La Luneta, donde Sira fue acogida en sus primeros tiempos en Tetuán en la pensión de Candelaria “la matutera”.
La Luneta fue la primera calle española en Tetuán, limítrofe a la medina y al barrio judío. En la actualidad, todos sus antiguos edificios permanecen en pie.


La antigua estación de tren de Tetuán, con el Gorgues de fondo. De ella partían los trenes hacia Ceuta. Aquí vivió Sira su primera aventura arriesgada, la noche en que a Candelaria se le torcieron las cosas.
Actualmente el edificio ha sido renovado y convertido en museo.


Patio interior del Hotel Nacional, donde Marcus Logan se instaló durante su estancia en Tetuán. Existe todavía, pero remodelado y bastante cambiado.


Madrid durante la Guerra Civil, tras la marcha de Sira a Marruecos. Eran años duros.


Madrid en los años 40, ciudad a la que Sira regresó con una nueva identidad y con otra posición social.


Nazis en Madrid, flanqueados por la Guardia Mora, en 1940.


El Madrid castizo, pobre y humilde, donde nació Sira, pero al que nunca más regresó.


El Salón de Té Embassy, en el madrileño Paseo de la Castellana. Durante la IIª Guerra Mundial, entre sus paredes se vivió un permanente trasiego de conspiraciones. Aún existe y siguen sirviendo el mismo cóctel de champán que Sira tomaba cuando acudía a ver a Hillgarth clandestinamente a la hora del aperitivo.


El Casino de Madrid, donde Sira recibió el año 1941 y donde se reencontró con su padre, Gonzalo Alvarado.


Lisboa en los primeros años 40. Portugal era teóricamente neutral durante la IIª Guerra Mundial, pero a la vez era una ciudad agitada y convulsa, escenario de mil conspiraciones. En una de esas tramas se vio envuelta la protagonista de la novela.


El ya demolido Hotel Do Parque de Estoril, donde Sira se alojó en su misión portuguesa.

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